Lunes, diciembre 05, 2016

HOMILÍA PARA EL 21 DE ABRIL DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
Éxodo 12,1-8.11-14; Salmo 115; 1Corintios 11,23-26; San Juan 13,1-15
HOMILÍA PARA EL JUEVES SANTO

Queridos hermanos y hermanas

Nos encontramos hoy en el marco del jueves santo, con el relato mas antiguo de la Eucaristía, se trata del relato ubicado en la primera epístola de San Pablo a los corintios en el capítulo 11, cuando dice: “yo recibí esta tradición que viene del Señor y que a mi vez transmití,  que el Señor Jesús en la noche que fue entregado tomó pan dio gracias a Dios, lo partió y dijo…  y lo mismo hizo con la copa…; hermanos y hermanas esta tradición antigua es decir la Eucaristía ha acompañado el caminar de la iglesia por los parajes de la historia, ha sido el pan de los ángeles que alimentó al pueblo de Israel y que ahora alimenta también a los diversos pueblos  hambrientos de paz y de justicia; el pan que se confecciona en la Eucaristía es la vida de Dios presente en la vida de los hombres, es el pan que fortalece, es el pan que alegra la vida y reanima el espíritu, es el pan de vida eterna, es el pan que sacia el hambre de la multitud, es el pan que impulsa al corazón para creer más en Dios. 

 

En un día como hoy Jesús celebró la última cena con sus discípulos, ambiente de alegría fue éste porque tenían a Dios a su lado, pero también momento de tristeza porque allí se encontraba el traidor, fue un momento de encuentro propicio para los doce, pero también momento de despedida y muerte para el traidor. Fue un momento de júbilo y de fiesta pues Jesús se daba como pan, como alimento; pero momento también de profunda tristeza porque al maestro le espera la muerte.

Bello milagro es éste, el de la Eucaristía, Jesús amándonos en un pedazo de pan y en un poco de vino, inmenso banquete, manjar sustancioso bajado del cielo, alimento perenne en el cual se nos prodiga, se nos comunica la vida de Dios a través de Jesucristo.

Hermanos y hermanas la riqueza de nuestra Iglesia se encuentra en la Eucaristía, el tesoro de la Iglesia es la Eucaristía, el sacramento culmen de la Iglesia es la Eucaristía; un  cristiano sin Eucaristía pan de  vida es un pobre creyente.

En este Jueves Santo a la vez que se instituye la Eucaristía como regalo de Dios, se proclama la síntesis de los mandamientos: el amor;  que hoy se convierte en un grito para nuestra Patria y para nuestro corazón en ocasiones cargados de odio y de rencor, el hacer que el amor reine es tarea  de todos los creyentes, es un imperativo para todo el que se dice bautizado, establecer en el mundo el mandamiento del amor como pauta de todo comportamiento, es dejar a Dios ser Dios en medio de nuestra humanidad.

Porque Jesucristo es la encarnación del amor de Dios en medio de los hombres y mujeres de su y de nuestro tiempo, resucitó a los muertos, dio salud a los enfermos, por amor fortaleció a los caídos, por amor perdonó a los pecadores, por amor a los pobres les dijo que los amaba, dio libertad a los cautivos en el alma y porque nos ama nos pide a nosotros también amar.

Por amor, un Jueves Santo como hoy, Jesucristo instituyó el sacramento del Orden sacerdotal, por cuyo sacramento los elegidos para este ministerio, son responsables de la Eucaristía y de su cuidado, recordando que ella es el “SACRAMENTO DE NUESTRA FE”.  “El sacerdote ejerce su misión principal y se manifiesta en toda su plenitud celebrando la Eucaristía y tal manifestación es más completa cuando él mismo deja traslucir la profundidad de este misterio, para que sólo él resplandezca en los corazones y en las conciencias humanas a través de su ministerio. Este es el ejercicio supremo del sacerdocio real, la fuente y cumbre de toda la vida cristina”. (El misterio y el culto de la Eucaristía) Juan Pablo II.

El sacerdocio de nuestro tiempo como sacramento, fue instituido por el mismo Jesucristo, en él tiene su principio y su culmen.

Hermanos y hermanas, los tres acontecimientos de este jueves santo, la Institución de la Eucaristía, del Orden Sacerdotal y la proclamación del mandamiento del amor, han de ser para nosotros fuente inagotable de vida y conversión, para que amparados por María nuestra Madre del Cielo podamos  ser ante el mundo testigos de Jesucristo vivo, sacerdote víctima y altar.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos