Jueves, diciembre 08, 2016

HOMILÍA PARA EL 17 DE ABRIL DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
Isaías 50, 4-7; Salmo 22; Filipenses 2,6-11; Mateo 26,14-27,66
DOMINGO DE RAMOS 2011

"Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado", pronunció Jesús en la lectura de la Pasión en el evangelio de hoy, se trata de una frase que expresa el sentimiento de mucha gente que vive en nuestro pueblo; seguramente los pobres unirán sus voces a la de Jesús para decir Dios mío, Dios mío por qué nos has abandonado, de igual manera lo harán los desplazados así como los familiares de los secuestrados que sin perder las esperanzas frente a un futuro promisorio expresan en muchas ocasiones y con angustia Dios mío, Dios mío por qué nos has abandonado. Aparentemente es una frase de derrota; sin embargo es bueno saber, que cuando más solos nos sentimos, es cuando Dios está con mayor intensidad haciéndonos compañía y pronunciando a manera de murmullo, no teman, hoy estarán conmigo en el paraíso.

 

Nuestra alegría en este Domingo de Ramos no puede ser completa cuando sabemos que la proclamación de Jesús como rey es transitoria, porque más tarde será tratado como reo delante del sanedrín y la misma gente que lo aclamaba como rey no ansían ahora sino su muerte; por fortuna su Padre Dios le tenía reservada la resurrección gloriosa.

Hoy con alegría levantamos nuestras palmas recibiendo a Jesús el rey del universo, más con nuestros comportamientos y palabras en ocasiones crucificamos nuevamente a Jesús, no podemos ser los clavos de las manos y pies de aquel a quien hoy recibimos como el Rey de nuestra vida, no podemos ser la corona de espinas que flagela la cabeza de Jesús, de ningún modo podemos constituirnos en el nuevo sanedrín que propina la muerte al Hijo de Dios.

Hermanos y hermanas que las palmas que tenemos en nuestras manos sean de paz y reconciliación; sean de esperanza y progreso para nuestro pueblo, que ellas se constituyan hoy en un grito hecho oración para Dios implorando que a su entrada en nuestra comunidad, en nuestras familias, en nuestra patria y en nuestra vida deje a su paso sembrada la semilla del amor y la unidad, desterrando por completo todo aquello que signifique odio y división.

Que nuestras palmas sean hoy signos de alegría al contemplar a Jesús constituido en el centro de nuestra fe y en el motivo de nuestra esperanza. Aquel que pronunció Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado, es el mismo que ha derrotado la muerte a fuerza de vida.

El río desbordante de gente que contemplamos hoy celebrando el domingo de ramos nos ha de motivar para decirle a la virgen María ayúdanos a abrir nuestra vida y nuestro corazón al rey de la historia, al rey de los siglos, a aquel que es el camino la verdad y la vida.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos