Misioneros Oblatos o.cc.ss
domingo, septiembre 24, 2017

HOMILÍA PARA EL 15 DE MARZO DE 2015

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
2Cronicas 36,14-16.19-23; salmo 136; Efesios 2,4-10; Juan 3,14-31.
Domingo 15 de Marzo de 2015
Domingo 4º de Cuaresma

Cuando Jesús al inicio del evangelio de hoy dice: “lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna”, está afirmando, está anunciando su propia pasión, su muerte; está señalando su trono donde habría de ser elevado, es decir la cruz, madero no de derrota, sino de triunfo, madero no de muerte, sino de vida eterna.

En el madero de la cruz Jesús se constituyó en luz para el mundo, elemento particular éste en el evangelio de San Juan y elemento visible en las palabras del Señor a lo largo de los evangelios que a continuación explicitamos:

.- “Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”,  dijo Jesús una vez que curó al ciego.

.- “El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, fue la expresión que con dulce acento llegó hasta los oídos de sus apóstoles.

.- Cuando Judas lo va a entregar a Jesús, Juan el evangelista a propósito de este acontecimiento afirma: “ERA DE NOCHE” y Jesús dice: “Esta es vuestra hora y del poder de las tinieblas”. No había en ese instante lugar para la luz, sino para las sombras, pues está a punto de darse la traición de Judas y la entrega del Maestro.

.- En el momento de la transfiguración el que su rostro y vestidos hubiesen resplandecido como la luz, hablan de su glorificación.

Hermanos y hermanas, siguiendo el ejemplo de Jesús, no podemos preferir las tinieblas a la luz, hemos de detestar las tinieblas, pues solamente así nos convertiremos para el mundo en HIJOS DE LA LUZ y no en HIJOS DE LAS TINIEBLAS que nos lleva a ser obstáculo en la realización personal de nuestros semejantes y en tropiezo para nuestro prójimo en su camino hacia la felicidad.

Somos hijos de las tinieblas cuando Jesús nos incomoda tanto, que nos alejamos de su presencia, sabiendo que estar lejos de Él es sinónimo de tinieblas.

Somos hijos de las tinieblas cuando celebrar la Santa Misa nos cansa, convirtiéndose así en un verdadero sacrificio por cumplir.

Somos hijos de las tinieblas cuando nuestras relaciones interpersonales son fingidas, dañinas y por tanto destructivas.

Somos en cambio hijos de la luz cuando nos dejamos permear por la Palabra del Señor y por la práctica de los sacramentos.

Somos hijos de la luz, cuando nuestra presencia en medio de los nuestros anima, fortalece y edifica.

Somos hijos de la luz cuando no somos motor de división, sino de unidad, amor y reconciliación.

Somos hijos de la luz cuando somos capaces de reconocer en las personas al Cristo humano que hay en ellas y no al instrumento que está puesto a nuestro servicio.

Nuestro compromiso por tanto para esta semana será convertirnos en antorchas vivas de luz para un mundo sumergido en las tinieblas de la guerra, la violencia y el secuestro.

Que la luz de Cristo llegue hoy y siempre a las mazmorras de la pobreza y la miseria, de la esclavitud y el secuestro, del odio y el egoísmo.

Hermanos y hermanas que nuestra Madre María encendiendo el fuego del amor en nuestros corazones nos permita ser para nuestros contextos cotidianos luz en medio de las sombras.

P. Ernesto León D. o.cc.ss