Jueves, diciembre 08, 2016

HOMILIA PARA EL 13 DE MARZO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
HOMILIA PARA EL I DOMINGO DE CUARESMA
Gn 2,7-9; 3,1-7 Sal 50, Romanos 5, 12-19; Mateo 4,1-11

Hermanos y hermanas:

Hemos empezado el tiempo de cuaresma y entrar en este ambiente es insertarnos en el desierto donde Jesús se encontró consigo mismo, en el desierto Jesús oró, Jesús reflexionó, Jesús reconoció sus dos naturalezas, la humana y la divina, en el desierto se reconoció hombre y en el momento de la tentación reconociéndose Dios pudo derrotar al enemigo.

 

En la Biblia se ha considerado que el desierto es el lugar de la prueba, de la tentación y de la muerte, la Biblia hace notar que el desierto es el lugar del encuentro del hombre con su mismidad; en el desierto las fuerzas humanas se esfuman, la voluntad se debilita y los buenos propósitos se frustran; esta experiencia la vivió Jesús en carne propia, pero con la ayuda de su Padre se sobrepuso a dicha situación.

Desierto al parecer es ahora nuestra patria asolada por la muerte y la violencia, nuestra patria es territorio de prueba y tentación y en ocasiones el mal sale triunfante sobre las fuerzas del bien; no obstante lo anterior, nosotros que somos quienes le damos sentido a este territorio hemos de implantar ambientes de paz y de concordia en los lugares en donde Dios nos ha puesto.

Desierto es el lugar en donde vive el desempleado que en medio de la prueba no ha sucumbido ante sus esperanzas e ilusiones puestas en Dios.

Desierto es el lugar en donde habita el desplazado, desalojado de sus tierras verdes y productivas; desierto es el lugar en donde habita la familia que respira un ambiente de poco diálogo y comprensión.

Desierto es el lugar en donde vive el que se ha sumergido en los vicios que conducen al fracaso; desierto es el lugar en donde vive el pobre desposeído incluso de su propia dignidad.

Desierto fue el lugar en donde Jesús fue tentado por el diablo, y a ese mismo desierto Jesús lo transformó en pradera, en tierra fértil, en tierra productiva, Jesús es aquel que transforma situaciones de muerte en contextos de vida, es aquel que a fuerza de gracia venció el pecado, es aquel que sabe que Satanás es un espíritu inteligente y sagaz para doblegar a quienes han optado por Dios. La mayor herramienta con la cual Jesús se sobrepuso a Satanás fue la Palabra y no cualquier palabra, sino la Palabra de Dios, con la cual fortaleció su espíritu y su voluntad para serle fiel a Dios. La fuerza de la Palabra, transformó la muerte en vida, la prueba en gracia y la condena en salvación, por la Palabra, Jesús se mantuvo firme en medio del ambiente hostil del desierto y por la Palabra Jesús se enalteció como Dios para superar las debilidades propias de la humanidad.

La Iglesia siguiendo la experiencia del desierto vivida por Jesús, propone a todos los creyentes el tiempo de cuaresma, tiempo de desierto, reflexión e interiorización, para que éstos encontrándose con el Dios de la vida opten por él y no por las fuerzas que desembocan en el mal.

La cuaresma como vivencia del desierto, es un tiempo de reflexión personal, de auto evaluación y proyección de vida; es una posibilidad de encuentro con nosotros mismos y con nuestras circunstancias, es ingresar al desierto de nuestra propia vida y allá en medio de nuestros posibles fracasos, derrotas y tristezas, encontrar la victoria, la alegría y la esperanza que solo viene de Dios.

Queridos hermanos, que la presencia de Dios, la fuerza de su Palabra y la compañía amorosa del Corazón Inmaculado de  María,  nos ayude a internarnos en la experiencia del desierto cuaresmal, con el objetivo de vislumbrar en la Semana Santa la luz de la resurrección.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos