Misioneros Oblatos o.cc.ss
Jueves, Mayo 25, 2017

HOMILÍA PARA EL 12 DE OCTUBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANRIO. CICLO A.
Isaías 25,6-10; Salmo 22; Filipenses 12-14.19-20; Mt 22,1-10

En el Evangelio que nos propone la Iglesia para esta semana, encontramos la imagen de un Dios absolutamente generoso que le ofrece salvación a la humanidad entera; quien aceptando a Jesucristo, permite de inmediato que el reino de Dios acontezca en su vida.

Ubicados en la parábola de este domingo, observamos que el rey LLAMA e INVITA a sus criados a la celebración de la boda de su hijo; lo cual nos recuerda el actuar de Dios en el antiguo testamento, quien siempre llamó a los patriarcas, a los profetas, y a los jueces a hacer parte de su reino anunciando la buena noticia de la salvación por la vía del amor, de la misericordia y la conversión.

Algunos de los antes mencionados se resistieron, en el caso de Moisés aducía como excusa su incapacidad para hablar, en el caso de Jeremías su inmadurez y su juventud y por este camino muchos de los llamados por Dios para ejercer la misión concreta de ser sus testigos en medio del pueblo le dijeron “no”; con miedo rechazaron su invitación, pero la fuerza de la palabra cautivó su corazón y fueron vencidos por ella, hasta el punto de cumplir a cabalidad con lo mandado por Yahvé, sin importar la necesidad de  ofrendar su propia vida por amor a Dios.

En lo que a nuestra parábola concierne, el rey llamó a sus criados para que estuvieran con él,  para que se alegraran con él en el contexto de la boda de su hijo, y los llamó con amor porque los amaba; los llamó con ternura porque más que sus criados eran sus amigos; los llamó de manera confiada, los invitó de corazón y los criados le respondieron con indiferencia, indolencia, apatía, desidia y desamor; despreciaron su llamado de manera radical, situando en primer lugar sus propios deseos, su voluntad, sus fincas, casas, familias, sus amigos y sus negocios que a Dios su Padre; desplazando de esta forma la centralidad del rey en sus vidas, su voluntad y su confianza.

En nuestra vida diaria nosotros también le hemos dicho a Dios “NO”, en muchas ocasiones hemos dejado a Dios para después, hemos antepuesto nuestros caprichos a la voluntad de Él, y cerrando  nuestro corazón al banquete del reino de los cielo, al banquete de la vida, al banquete de la presencia de su Hijo amado en la Sagrada Eucaristía,  conscientemente y por la vía de nuestro propio orgullo hemos construido nuestra casa personal sobre la arena movediza de nuestros pensamientos y no sobre la roca firme de aquél que sostiene nuestra existencia: Jesucristo.

En esta parábola se evidencia cómo la libertad de los criados los llevó a despreciar a Dios, acogiendo en su corazón lo accidental de sus bienes, que de frente al Señor resultan ser basura; se observa también el apego a las cosas materiales como si estas fueran eternas, desconociendo al Señor como el Tesoro que lo contiene todo y que llena los vacíos más hondos del corazón humano.

Hermanos y hermanas conocedores como somos de Jesucristo, el Hijo del Rey, que nos invita todos los días al banquete de bodas de la Eucaristía, no podemos postergar nuestro “SI” consciente y decidido en nuestra adhesión incondicional a Él, no podemos construir nuestra vida cristiana al margen de la divina Eucaristía, el banquete de bodas del Cordero; de ninguna manera podemos despreciar al “Pan Vivo bajado del cielo” que se nos da como alimento de vida eterna.

En síntesis, nos es reprobable desatender la invitación que Dios nos hace a vivir alrededor del altar del reino de los cielos, alrededor de aquél que se ha convertido en vida nueva para el mundo; por el contrario, animosos y alegres, y con un corazón lleno de gozo hemos de acercarnos al banquete del Señor Jesús para alimentarnos todos los días de su Cuerpo y de su Sangre, sacramento de reconciliación, de vida y de unidad en la comunidad.

Sólo a los pies del altar y sólo en la presencia de la sagrada Eucaristía, nos es posible decir con san Pablo en su carta a los Filipenses Cap 4, 13-14: “Sé vivir en la pobreza y sé vivir en la abundancia. He aprendido a hacerle frente a todo y en cualquier momento; a tener de sobra y a pasar hambre; a la abundancia y a las privaciones. Todo lo puedo gracias al Señor que me da fuerza”.

El cristiano convencido de su fe, ha de procurar  entonces, descubrir y encontrarse con el Señor en el adorable Sacrificio del Altar y con este  propósito ha de invocar a la Santísima Virgen María para que con su ayuda y guía, pueda decirle siempre “SÍ” a aquél que un día lo llamó a la vida ya no para ser su criado, sino su amigo.

P. Ernesto León D. o.cc.ss