Misioneros Oblatos o.cc.ss
Miércoles, Mayo 24, 2017

HOMILÍA PARA EL 12 DE FEBRERO DE 2017

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL 12 DE FEBRERO DE 2017 VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Eclo 15,16-21; Salmo 118; 1 Cor 2,6-10; Mt 5,17-37

La liturgia de la palabra que nos ofrece la iglesia en este VI domingo del tiempo ordinario, nos brinda la posibilidad de reflexionar acerca de nuestra identidad humana, adornada de inmensas virtudes, de grandes potencialidades y de innumerables dones, pero también compuesta estructuralmente de debilidades, fragilidades, flaquezas e inconsistencias que nos llevan a apartarnos del bien para obrar el mal, traducido éste en consonancia con el Evangelio de San Mateo en infidelidad, idolatría, injusticia, muerte y mentira.

Según lo enunciado anteriormente y conscientes de que estamos hechos de barro; Dios a través de su palabra  nos sigue brindando su amor  y con su presencia real y misteriosa nos manifiesta su ternura y a la vez nos concede la fuerza que necesitamos para reorientar nuestros pasos, por esta razón en la primera lectura del libro del eclesiástico en el capítulo 15, el Señor nos recuerda que somos hombres y mujeres libres y que por tanto contando con esta condición estamos llamados a escoger entre las tinieblas y la luz, la muerte y la vida, el pecado o la gracia, el llamarnos sus hijos por la vía de la fidelidad a Él o llamarnos hijos de la noche porque un día decidimos alejarnos de su divino regazo que alberga amor y compasión; pero nos recuerda también que contando con su gracia misericordiosa todos nosotros podremos un día al decir del salmista llamarnos dichosos porque nuestras conductas son intachables, porque de corazón lo hemos buscado a Él, porque hemos hecho vida sus enseñanzas, porque nuestros pasos se han encaminado hacia su altar y porque con humildad  hemos aceptado su voluntad por encima de la nuestra.
Para vivir esto último que no es otra cosa sino el querer de Dios, pidámosle a Él de acuerdo con la invitación del apóstol Pablo en la primera lectura (1Cor 2), que nos conceda la sabiduría para descubrir los caminos de Dios que nos conducen a la salvación;  nos de su luz para disipar las tinieblas que rondan nuestras vidas;  nos de la gracia de no desconocer su sabiduría porque “crucificaríamos al Señor de la gloria”; y que nos regale el gozo de contemplar y experimentar en este mundo su amor, que en último término es aquello que “ni el ojo ha visto, ni el oído ha escuchado, ni la mente del hombre ha imaginado jamás”.
Hermanos y hermanas, con el regalo de la liturgia de la palabra de este domingo, sintámonos amados por Dios porque hemos descubierto que Él siempre nos ofrece su perdón y reconociéndonos como sus hijos predilectos, preferidos y privilegiados, hagamos el propósito de ser luz a la manera de Cristo, antorcha refulgente, que un día brilló más que nunca en la cruz por amor a nosotros.
Amparados por la ternura de nuestra Madre María en su Corazón Inmaculado, comprometámonos a ser hombres y mujeres nuevos capaces de reconocer nuestros errores; pero capaces también de transformar nuestras vidas de manera radical, pues  tal es el regalo que le agrada a Dios.

P. Ernesto León Díaz o.cc.ss