Sábado, diciembre 03, 2016

EL TEMA DE LAS TENTACIONES NO PUEDE AGOTAR EL SENTIDO ESTRICTO DE LA CUARESMA. 1ER DOM CICLO C.

Queridos Hermanos y Hermanas:

La Cuaresma que empezó con el miércoles de ceniza pasado, tiene como gran objetivo dirigir los pasos de los creyentes a la afirmación de una fe radical en Jesucristo, pues tal es el sentido de la predicación de San Pablo en  su carta a los Romanos proclamada hoy en la segunda lectura: “porque si públicamente profesas que Jesucristo es el Señor y crees de corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás” y “el que tenga fe en Él, no quedará defraudado”. Esta profesión de fe deseada por San Pablo, tiene que ser en nosotros una realidad a conseguir en el marco de este itinerario cuaresmal, de lo contrario sobrevendrá una Semana Santa vacía del misterio pascual que sostiene nuestra fe: Jesucristo en su pasión, en su muerte y en su resurrección.

Durante este itinerario cuaresmal nos encontramos con reflexiones que enfatizan en temas como: el pecado, la fragilidad humana, la miseria que somos los humanos, las tentaciones que nos acechan a diario, nuestra pobre voluntad a la hora de enfrentar el pecado, las seducciones del demonio y nuestra identidad como tierra o polvo - tema acentuado el miércoles de ceniza -,  en una palabra y según lo anterior, al parecer la cuaresma no es otra cosa sino la época oportuna para considerarnos desvalidos, desgraciados, abandonados por Dios, proclives al pecado y por tanto malos, sin ninguna chispa de bondad en nuestro ser.

 

Pues creemos que la anterior comprensión acerca de la cuaresma es incompleta y no habla de la integralidad de su sentido, quedarnos por tanto en la acentuación de los anteriores temas, es plantear un cristianismo oscuro y sin esperanza, un cristianismo que no conduce a la pascua del Resucitado, sino simplemente a la aseveración de nuestra identidad cristiana en ausencia total de Dios y si subyugados por las fuerzas del demonio.

A partir de lo anterior, queremos plantearles la otra cara de la cuaresma, es decir la cara de la bendición de Dios en medio de las tentaciones, la asistencia de la gracia de Dios en medio del pecado y la realidad del perdón de Dios al interior de nuestras debilidades.

Creemos que la cuaresma es un tiempo adecuado para peregrinar hacia el santuario de nuestro propio corazón y de nuestra propia conciencia para comprendernos como hijos de Dios, amados por Él y creados por Él y para Él. Es un tiempo oportuno para reconocer en nosotros y en los otros no solamente las limitaciones, los defectos y pecados, sino fundamentalmente la axiología del ser humano, sus valores, sus principios, sus cualidades, aptitudes, capacidades, dones, talentos y potencialidades que lo hacen valioso en medio de la fragilidad. No podemos quedarnos entonces en discursos que desprestigien nuestra identidad como humanos y como hijos de Dios, necesitamos hablar de nosotros mismos como seres de esperanza, de alegría, de constancia y sobre todo de mucha voluntad para ser mejores en el camino de nuestra configuración con Aquél que fue tentado por el demonio en el desierto.

Hermanos y hermanas,  según lo planteado anteriormente e insertos en este ambiente cuaresmal, dejémonos acompañar por María Santísima en el desierto de nuestra propia vida, y en medio de esta experiencia a semejanza de Jesús, sintamos el auxilio y la gracia de Dios para mantenernos firmes en nuestro camino hacia la pascua, enfatizando no en nuestras flaquezas sino en el gran propósito de resucitar con Cristo en esta Semana santa de 2010, alimentándonos en todo momento por la Sagrada Eucaristía en donde se nos ofrece el pan de la palabra que sale de la boca de Dios y el pan de Jesucristo nuestro Redentor.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos