Jueves, diciembre 08, 2016

EL PAN NUESTRO DEL 4 DE FEBRERO

"LA PALABRA": EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. (Mc 6,30-34)

Sumergidos en incontables ocupaciones, hoy hemos de escuchar la voz del Señor en su evangelio, cuando nos invita a caminar hacia un lugar apartado, en el cual nos encontremos con nosotros mismos y por supuesto con Dios, nuestro Padre. Los afanes cotidianos ocupan toda nuestra atención, el activismo en el cual estamos inmersos, no nos permite escuchar a Dios en el silencio de nuestro corazón; posibilitando de esta manera el que llevemos una vida como si Dios no existiera.

 

 

Jesús en el evangelio de hoy se muestra cansado y agotado, pues su tarea evangelizadora había sido ardua, su predicación no conocía fronteras ni tiempo; sus milagros fueron múltiples y muchos de ellos obrados en sábado, frente al estupor de fariseos y doctores de la ley; sus caminatas por toda la región de Galilea no conocieron fatiga; y no obstante su fuerza y su vitalidad en el anuncio del reino de los cielos, sintió la necesidad de descansar y por eso con sus apóstoles se fue a un sitio apropiado para la oración, para el encuentro con su Padre, en ese lugar quiso revitalizar sus fuerzas y en medio de este deseo, la inmensa muchudumbre descubrió el lugar en donde Jesús se encontraba; Jesús sintendo compasión de la gente, porque andaba como oveja sin pastor, le predicó la Buena Nueva de la salvación, curó a muchos enfermos y les prodigó amor a manos llenas.

Hermanos y hermanas, como fruto de la Palabra de hoy, saquemos dos conclusiones: 1.- En medio del bullicio del mundo y agobiados por un sin número de actividades cotidianas, intentemos sacar tiempo para nuestro oración, para nuestro encuentro con Dios en un clima de silencio y soledad. 2.- Que en medio de nuestro cansancio, no dejemos de tener una palabra de aliento y fortaleza para aquellos que la requieran."Ob amorem Dei"