Viernes, diciembre 09, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Mayo 7 de 2012. (Jn 14,21-26)

Queridos hermanos y hermanas en los Corazones Santísimos de Jesús y María:

El Evangelio que Jesús nos propone hoy, nos permite observar dos conceptos importantes que nos mostrarán el camino para ser moradas divinas. El primero es la obediencia y el segundo las obras.

La obediencia se pone en evidencia cuando como creyentes, aceptamos los mandamientos de Dios, en tal sentido, la obediencia es un acto de reconocimiento a su voluntad más allá de los espacios de oración o de las prácticas de piedad cotidianas que podamos realizar; concluyendo de esta manera que solo aquél que obedece a Dios es capaz de concebir al Señor como el camino, la verdad y la vida, el sentido último de la vida cristiana.

En segundo lugar, las obras o la fe transformada en hechos reales, nos convierten en moradas del Espíritu Santo, capaces de construir una vida en el amor y desde el amor; pues vivir en el amor es ya el cumplimiento del mandamiento nuevo que nos dejó el Señor como herencia.

Este evangelio es bello en el sentido de que nos permite descubrir que cuando somos obedientes y obramos bien, somos dignos de la mayor promesa que Jesús nos hizo, a saber: “Quien me ama y guarda mi palabra, mi Padre lo ama y haremos morada en él”. (Jn 14, 23). Qué mayor felicidad que ser morada divina!

Hermanos y hermanas, dejémonos guiar por el Defensor del Amor, el Espíritu Santo, obrando y obedeciendo sus mandamientos, para transformarnos cada día más, en moradas dignas, en las cuales Jesús se quede a vivir para siempre. “Ob amorem Dei"