Miércoles, diciembre 07, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Mayo 4 de 2012. (Jn 14,6-14)

En la fiesta de los apóstoles Santiago y Felipe, encontramos en el texto de San Juan, palabras cautivadoras que resonando en el corazón de hombres aguerridos e incultos como lo fueron los apóstoles del Señor, se enamoraron de quien con dulce voz pero con firmeza dijo: “yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Jesús con estos tres sustantivos se definió a si mismo y los apóstoles aunque con vacilación lo aceptaron así y los siguieron con un corazón abierto a la aventura y después de la resurrección disponible para dar la vida por él.

En medio de muchos caminos de realización personal que tenían los hombres que lo siguieron, optaron por el único camino que conduce a la felicidad plena: Jesucristo; no obstante la multiplicidad de aparentes verdades que pululaban en el ambiente a raíz de la influencia griega, ellos con la fuerza del Espíritu Santo, descubrieron en aquél que le dijo a Pedro. “ven y sígueme”, la única verdad, la verdad del Padre revelada para la salvación del mundo; y una vez que lo vieron morir en la cruz pensaron que todo había sido una farsa y cuando fueron testigos de su resurrección, con alegría en el alma, seguramente gritaban en silencio: “Él es la vida”, la vida que no termina, la vida que perdura, la vida que permanece, la vida eterna; hecho que los capacitó para anunciar con valentía el evangelio en contextos hostiles por la presencia de los poderosos, los mismos que habían matado al Señor.

Hermanos y hermanas que con la fuerza de los apóstoles, todos los días reconozcamos al Señor como el “camino, la verdad y la vida” y que desde el corazón le digamos: “¿A quién iremos?, Tu tienes palabras de vida eterna”. “Ob amorem Dei".