Domingo, diciembre 04, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Mayo 24 de 2012. (Jn 17,20-26)

Hermanos y hermanas:

En este texto conocido como la oración sacerdotal, encontramos a Jesús orando a su Padre por nosotros, orando por el pueblo de Dios, consagrado por el bautismo como nuevo pueblo, pueblo santo, ungido y segregado para él.

Jesús ora a Dios, pidiendo unidad para los creyentes en medio de las diferencias, ora para que haya en medio de la humanidad un solo corazón capaz de amar a Dios con toda su mente y con todo su ser, ora para que nuestra permanencia en la fe sea una realidad; ora para que el pueblo creyente encabezado por los apóstoles construyan su vida sobre la base firme del amor a Dios y no sobre la arena movediza de sentimentalismos religiosos.

El Señor le dice a su Padre, “te pido por los tú que me has dado”, “quiero que donde yo esté también estén conmigo”, “que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mi”; queriendo significar con esto que quienes son sus seguidores deben ante todo anhelar estar siempre en la presencia de Dios, porque han descubierto que su vida le pertenece a aquél que los amó primero; y que a imagen de la unidad que existe al interior de la Santísima Trinidad, han de configurarse como el cuerpo místico de Cristo: “Un sólo rebaño y un sólo pastor”

A nuestra Madre María nos encomendamos, suplicándole de todo corazón que nos anime en nuestro camino de configuración con Cristo, para que alentados por la luz de su presencia, podamos hacer floreceren este mundoel reino de la justicia, el amor y la paz. Ob amorem Dei.