Sábado, diciembre 03, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Mayo 18 de 2012. (Jn 16,20-23)

Hoy Jesús en su evangelio nos dice: “Nadie os quitara vuestra alegría”. Con estas palabras, Jesús se despedía de sus discípulos en virtud de su ascensión al cielo; Jesús les habló a sus apóstoles de manera franca y abierta, y lo hacía así porque conocía su corazón; sabía de sus tristezas, de sus preocupaciones y de sus incertidumbres, y por esta razón los invitó a no perder la alegría en medio de la tristeza producida por su partida.

En este sentido, la tristeza se apodera del creyente no por la ascensión del Señor al cielo, sino por la elección que cada hombre hace frente a la vida de manera equivocada, tomando atajos llenos de espinas que con seguridad lo desviarán del camino de la luz, y sólo letraerá dolor y desesperanza, pecado y desobediencia.

Por otro lado, la alegría en el creyente depende de su cercanía a Jesús, quien un día les susurró a sus apóstoles: “volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón”. Esta promesa es de gran valor porque permite entender que el gran fruto de la comunión existente entre los creyentes y Jesús, es la alegría nacida del corazón, la alegría nacida de la fe y la alegría producto de la conversión y la transformación interiores.

Hermanos y hermanas, permitamos que la alegríadel resucitado no se eclipse jamás en nuestra vida; que por el contrario, fortalecidos por la asistencia del Espíritu Santo, podamos aferrarnos más y más al dueño de la vida, en quien somos, nos movemos y existimos. Ob amorem Dei"