Lunes, diciembre 05, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Marzo 30 de 2012. (Jn 10, 31-42)

Jesús en el evangelio de hoy se muestra vehemente en las consideraciones atinentes a sí mismo, cuando dice “yo he venido de mi Padre”, “he sido enviado por mi Padre”, “yo hago las obras de mi Padre” y “si no le creéis a mis palabras creedle a mis obras”; tales afirmaciones fueron expresadas en situaciones conflictivas, de manera especial por estar en presencia de los fariseos, quienes nunca aceptaron la condición divina de Jesús, ni tampoco sus obras prodigiosas en favor de tantos necesitados.

En medio de este contexto oscurecido por la envidia, la terquedad y el egoísmo, Jesús por su predicación y por sus obras cautivó el corazón de sus oyentes, mientras la resistencia de los sectores más fanáticos era creciente; no obstante esta situación, Jesús nunca se acobardó y con la fortaleza de quien está dispuesto a morir por sus convicciones, enalteció la voluntad de su Padre hasta el punto de dar la vida por el mundo, haciendo en todo la voluntad de Dios.

De acuerdo a lo anterior, es realmente incomprensible el episodio relatado al final del evangelio de hoy, cuando por las obras realizadas en favor del prójimo, Jesús iba a ser apedreado por quienes se creían poseedores de la verdad; Jesús tuvo que escabullirse como en otras ocasiones lo había hecho, pues el desprecio y el rechazo por parte de algunos era cada vez mayor y por tanto su muerte era inminente.

Hermanos y hermanas, iluminados por el texto bíblico de hoy y cautivados por las palabras y las obras del Señor, acojamos en nuestro corazón su ejemplo de vida y con la asistencia de nuestra Madre María, convirtámonos en otros cristos para el mundo.