Viernes, diciembre 09, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Marzo 29 de 2012. (Jn 8,51-59)

Con la siguiente expresión Jesús enardeció los ánimos de los fariseos hasta el punto que lo iban a apedrear: "Antes que existiera Abraham, existo yo", tal afirmación, lleva consigo dos verdades importantes para los creyentes de hoy, pero incomprensibles para los oyentes de aquel tiempo y son: en primer lugar la preexistencia del Hijo de Dios, como un hecho antecedente a su encarnación, tal como lo concibe la doctrina de la Iglesia y en segundo lugar su preeminencia sobre los grandes patriarcas del A.T. como lo es Abraham, tal preeminencia está dada por su condición de Hijo de Dios.

Con la afirmación arriba mencionada, Jesús abiertamente estaba reconociendo su categoría de Mesías y Enviado, lo cual significaba para los fariseos pérdida de poder y de investidura, pues ahora ya no le era suficiente al pueblo, la comprensión de los fariseos como doctores de la ley, sino su adhesión al modelo de vida nuevo implantado por Jesús.

Nosotros en este tiempo de cuaresma y a las puertas de la Semana Santa, intentemos reconocer en nuestro interior a Jesucristo como el rey de nuestra vida y como el centro de nuestros corazones, afirmando de manera convincente que él es anterior a todo y que todo tiene sentido en él; que existiendo antes que los patriarcas, se ha constituido en el salvador de todas las naciones; y que enaltecido en medio del mundo como el Mesías, su reino de justicia, amor y paz ha empezado a cumplirse en el aqui y en ahora de nuestra historia.

OB AMOREM DEI.