Jueves, diciembre 08, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Marzo 28 de 2012. (Jn 8,31-42)

"Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad os hará libres". Con estas palabras inicia el evangelio de hoy, palabras llenas de esperanza para los corazones decaìdos, repletas de entusiasmo para los espíritus vacilantes y pletóricas de fe para aquellos que dudan del acontecer cotidiano de Dios en sus vidas.

Guardar la Palabra del Señor es el principio del discipulado, nadie puede llamarse discìpulo si antes no ha escuchado la buena nueva de la salvación, nadie puede decir que tiene fe si no ha dispuesto su corazón para la recepción de la Palabra de Dios; desde esta perspectiva, es necesario afirmar que la PALABRA es un lugar de encuentro entre Dios y los hombres, a través de ella, el creyente accede al conocimiento de Dios y sin ella, le es imposible descubrir a Dios en su vida y en el mundo que lo rodea, y en este sentido, bien decían los santos padres del siglo III: "desconocer la Palabra, es desconocer a Jesucristo".

Hermanos y hermanas, acercarnos a la Sagrada Escritura, es acercarnos a la vida de Jesucristo, a la vida de Dios; permanecer en su Palabra es configurarnos como discípulos del Señor; guardar su Palabra es conocer la verdad; y obedecer su Palabra es muestra de nuestra fidelidad a él.

Que nuestra madre María nos anime a aliementarnos a diario de la Palabra de Dios que es su propio Hijo.

OB AMOREM DEI.