Viernes, diciembre 09, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Junio 4 de 2012. Mc 12,1-12

“Agarraron al Hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña”, este fue el desenlace fatal del evangelio de hoy, Jesucristo asesinado por los de su tiempo y posiblemente también hoy por nosotros.

Arrojar a Jesús de nuestras vidas significa vivir al margen de él, desconocer sus mandamientos, ahogar su divina voluntad por el enaltecimiento de nuestros caprichos; arrojar a Jesús fuera de nuestra vida implica matarlo de día en día, a imagen de los viñadores homicidas.

Jesús para nosotros no puede ser considerado como un obstáculo o un tropiezo en la consecución de nuestros planes, Jesús bajo ningún punto de vista puede ser concebido por nosotros como un estorbo o como una molestia en la cotidianidad de nuestra existencia; por el contrario, el Señor ha de ser para todo creyente su mayor tesoro, su baluarte, el motivo de su vida y desde esta perspectiva, de necios sería intentar deshacernos de él; pues sólo él le da sentido a nuestro paso por esta tierra.

Hermanos y hermanas, si bien algunos hombres y mujeres del tiempo de Jesús lo rechazaron por completo, nosotros al contrario de ellos, hemos de entender que Jesús es y seguirá siendo la piedra angular de nuestras vidas; en virtud de lo dicho, imploremos de María Santísima su protección y su ayuda maternal para edificar nuestra fe sobre la roca firme del Señor. “Ob amorem Dei”