Viernes, diciembre 09, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 4 de 2012. (Mt 26,14-25)

En el marco de la última cena del Señor, prefiguración de la Sagrada Eucaristía, Jesús desnudó el corazón y las entrañas de sus discípulos, cuando frente al anuncio de su pasión y de su entrega, encuentra en Judas al traidor, aún habiendo compartido con él largas jornadas de predicación y de formación en torno a la Palabra; situación que nos lleva a comprender que a través del encuentro personal con Jesucristo en la Eucaristía, él desnuda también nuestro corazón como lo hizo con sus discípulos y nos interpela acerca de nuestras conductas habituales con él y con nuestros hermanos.

Fue en el ambiente de la cena, cuando Jesús le manifiesta abiertamente a Judas su condición de traidor, a semejanza de lo que hace con nosotros en el silencio de nuestras vidas cuando nos anima a reconocernos pecadores, proclives al pecado y por lo tanto cerrados a su actuar divino en nuestras vidas; desde estos presupuestos no podemos entonces escondernos del Señor porque él siempre nos descubre, no podemos escapar de su mirada porque ella lo atraviesa todo; no podemos huir de su Palabra porque ella siempre nos desnuda y nos muestra nuestra fragilidad; en último término no podemos ocultarnos de su rostro ni en la profundidad de los abismos ni en las cumbres de las montañas; su mirada y su mano nos descubren. (Sal 139).

Que animados por la intervención amorosa de la Virgen María, podamos acercarnos al Señor en la Eucaristía con un corazón siempre renovado por la Palabra de Dios.

Ob amorem Dei.