Domingo, diciembre 04, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 30 de 2012. (Jn 10, 1-10))

En el evangelio de hoy, San Juan nos muestra a Jesús a través de dos imágenes: El pastor y la puerta. El pastor en el caso de Jesús tiene unas características especiales que lo hacen único y que lo convierten en el buen pastor y son: amor, entrega, sacrificio, cuidado, consuelo, acogida, abrigo, dedicación y escucha; tales condiciones fueron vividas por Jesús hasta el extremo, demostrando con sus actos cotidianos la protección solícita por nosotros sus ovejas.

En medio de la terquedad de su pequeño rebaño conformado por los apóstoles, Jesús el buen pastor les demostró siempre ternura y compasión, en los momentos en que los vio débiles y entristecidos, Jesús el buen pastor los animó con su silbo suave, un silbo de consuelo y esperanza; cuando se dio cuenta del miedo y de la traición de sus ovejas, les prodigó perdón y misericordia. Tales fueron las acciones propias del Señor con su ovejas, a nosotros nos queda el grave compromiso de ejercer nuestro liderazgo y nuestra autoridad al estilo de Jesús, quien no vino al mundo a ser servido sino a servir.

Por otro lado, Jesús es puerta en la medida en que él nos abre el camino para llegar a Dios; desde esta perspectiva, entrar por la puerta de Jesús significa, la posibilidad de encontrarnos con la salvación, con la nueva vida que sólo proviene del Señor, atravesar esa puerta, es descubrir en Jesucristo los pastos verdes de la bendición y de la gracia, la fuente de la vida y del amor.

Hay puertas que nos conducen a felicidades pasajeras, más la puerta de Jesucristo nos lleva al redil de la vida con Dios. “Ob amorem Dei”.