Miércoles, diciembre 07, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 26 de 2012. (Hch,8,26-40)

El etíope del cual habla este relato, era un hombre rico, tenía empleados a su servicio y tenía su propio carruaje y en medio de la ostentación, leía la Palabra de Dios aunque sin entenderla; lo cual demostraba temor de Dios, pero poco conocimiento de quién era Dios, no obstante cumplir con la peregrinación anual al templo de Jerusalén.

En nuestra vida cotidiana nos puede suceder lo mismo que el etíope, no conocer a Dios y sin embargo realizar diversas prácticas religiosas sin entenderlas; hablar de Dios desde su Palabra y desconocer el significado de la misma; participar en peregrinaciones y no haber experimentado a Dios en el alma; en definitiva, decir que amamos a Dios sin conocerlo es el principio del fin de la fe.

Nosotros como el etíope, necesitamos de muchos instrumentos como Felipe que nos ayuden a conocer a Jesucristo; que nos muestren el camino para llegar a Dios; que nos enseñen el misterio de la salvación inmerso en la Sagrada Escritura y que conociendo al Señor aprendamos a amarlo con todo nuestro ser.

El etíope fue bautizado por Felipe, nosotros hemos sido bautizados con la fuerza del Espíritu Santo y por lo tanto, convencidos de su presencia en nuestra vida, esforcémonos por caminar sin vacilación por el sendero de la conversión. Ob amorem Dei