Viernes, diciembre 09, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 25 de 2012. (Mc 16,15-20)

En la fiesta de San Marcos Evangelista, Jesús antes de ascender al cielo, les concede a sus apóstoles el poder y el mandato de predicar el evangelio, entendido éste como el compendio del amor que dejó el Señor a los hombres para vivir felices; no se puede concebir la Palabra del Señor como una palabra muerta; por el contario, ella es vida para los corazones vacilantes y es fuerza para los hombre y mujeres esclavizados por sus propias tristezas y decepciones.

Junto a este mandato les concedió el poder para expulsar demonios y para tomar en su manos serpientes, haciendo notar con esto, que el bien siempre triunfará sobre las huestes del mal y que quien camina tomado de la mano del Señor, será un hombre vencedor, porque él un día con la fuerza Dios, venció a la muerte con las armas de la vida.

Les dio también el poder para sanar a los enfermos, sanación que él mismo obró en su vida pública cuando pasó por este mundo haciendo el bien; y en virtud de este poderío recibido por los apóstoles de parte de Jesús; en el universo entero, los mandatos del Señor continúan vigorosos, y no han muerto porque Jesucristo está vivo; los milagros en favor de la humanidad se han multiplicado y esto gracias a que muchos hombre y mujeres de fe, no han dejado de creer en aquél que es la vida y el bien, la fuerza y la salud, la alegría y la esperanza.

Con un corazón humilde, supliquémosle a nuestra Madre María, que fieles a los mandatos del Señor, todos los creyentes venciendo las fuerzas del mal, nos convirtamos en instrumentos de amor, paz y perdón. “Ob amorem Dei”.