Viernes, diciembre 02, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 24 de 2012. (Jn 6,30-35)

En el evangelio de hoy encontramos una de las pocas veces en las que Jesús se define a sí mismo, nos referimos a: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mi nunca pasará sed”.

En realidad estas palabras son la invitación clara a vivir en comunión con él, todo creyente que comulga a Jesucristo en la Eucaristía entra en comunión con él; la vida del cristiano se sumerge en la vida de Jesús, porque lo ha descubierto como al pan vivo bajado del cielo.

La gente de su tiempo le pedía signos no obstante haber sido testigos de muchos milagros; y en medio de la incredulidad de la multitud, Jesús sabiamente se les mostraba como el alimento de vida eterna y ellos seguían sin entender porque su poca fe, vendaba sus ojos y enceguecía su corazón.

De nuestra parte, conocedores de Jesucristo como el pan de la vida, no podemos pedirle hechos prodigiosos para creer en él, reconocerlo vivo y presente en la Sagrada Eucaristía es suficiente para creer en él y para depositar nuestra vida completa en sus divinas manos.

María Santísima abre nuestros ojos para contemplar a tu Hijo Jesucristo en el maravilloso milagro del sacramento del altar. Ob amorem Dei.