Jueves, diciembre 08, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. Abril 20 de 2012. (Jn 6,1-15)

El milagro de la multiplicación de los panes y los peces, no puede entenderse como la supresión del esfuerzo y del trabajo personal; no es la invitación al ocio ni mucho menos la plataforma para afirmar “Dios proveerá”; por el contrario, encontramos en este milagro la invitación clara de esforzarnos por hacer de nuestro trabajo diario una ofrenda agradable a Dios y una posibilidad de éxito y de realización en la vida de cada individuo.

Por otro lado, la escena en cuestión, nos lleva a pensar en la grandeza de la divina Eucaristía, es allí en donde el pan de Jesucristo se parte y se comparte, allí encontramos pan abundante, nadie queda insatisfecho o con hambre, porque el Señor lo sacia todo. Desde esta lógica, cada domingo y todos los días tenemos la alegría de subir a la montaña del encuentro con Dios, para alimentarnos con el cuerpo y con la sangre de su Hijo amado; por lo tanto, en medio de nuestro cansancio y de nuestras fatigas cotidianas, intentemos acercarnos a la sagrada Eucaristía en donde el milagro de hace dos mil años, se prolonga en el nuevo pan: Jesucristo.

María Santísima dirige nuestros pasos hacia el altar de la vida y de la reconciliación: La Eucaristía. Ob amorem Dei.