Sábado, diciembre 10, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. 8 DE MARZO (Lc 16,19-31)

En el evangelio de hoy, Jesús denuncia el imperio del egoismo en medio del mundo, el imperio de la desiguldad entre los hombres, manifestada en el caso de la parábola en el rico y en el pobre, a quienes los distanciaba el abismo de la indiferencia, de la frialdad, del orgullo y de la debil solidaridad.

Es incomprensible entender que las estructuras de pobreza, exclusión, miseria y muerte campean en medio del mundo como los grandes logros de la humanidad; es imposible aceptar que el mandamiento nuevo del amor predicado por Jesucristo, no encuentre eco en los poderosos de nuestro tiempo; es inaceptable contemplar la realidad de odio, guerra y violencia que vive el mundo entero y por ende nuestro contexto colombiano; porque simplemente se ha enseñoreado en el corazón de unos pocos, el imperio del egoísmo humano por encima de la solidaridad entre los hombres.

Hoy nuestro mundo necesita hombres ricos que hagan ricos a los pobres en dignidad y bienestar, y se necesitan nuevos Lázaros que se manifiesten frente al mundo como la presencia de ese Cristo que se arrastra por las calles, que no tiene cómo alimentarse, que vive sumergido en la miseria más profunda; en último término la sociedad de nuestro tiempo requiere de Cristos vivientes que griten en medio de las calles que el amor está vivo en los corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que no han dejado aun de contemplar el rostro de Dios en el rostro de sus hermanos.

Ob amorem Dei.