Domingo, diciembre 04, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. 2 DE MARZO (Mt 5,20-26)

Comprendida la Palabra de Dios como un regalo cotidiano de vida y de sabiduría, hemos de agradecerle al Señor con todas las fuerzas de nuestra alma, porque nos permite a diario, conocernos más y más a nosotros mismos; nos permite reconocer nuestros errores y nos concede la suficiente capacidad para levantarnos de todo aquello que no coincide con su divina voluntad.

En el caso del evangelio de hoy, el Señor nos ofrece una lección inmensa acerca de nuestras relaciones interpersonales, nos referimos al hecho de contemplar en las demás personas que son nuestro prójimo, el rostro misericordioso de Jesús; que son nuestros hermanos y que por tanto merecen el respeto de los hijos de Dios. Cuando el Señor dice, que no le es lícito a nadie llamar imbécil o ignorante a alguien, está pidiendo a los oyentes de su Palabra, identificar al otro como hermano, amigo y confidente, y si no se da de esta manera, al menos todos los creyentes hemos de intentar visualizar en nuestro prójimo a la figura de Cristo, que clama, comprensión, escucha, diálogo, respeto y también perdón.

Este último elemento, el del perdón, es uno de los valores que el Señor nos pide vivir en este tiempo de cuaresma: " si vas de camino al templo llevando tu ofrenda y te acuerdas que has peleado con tu hermano, primero reconcíliate con él y luego lleva la ofrenda al altar", con esta recomendación Jesús enaltece la práctica del perdón como único camino de reconciliación, que hace que el corazón humano esté bien dispuesto para ser ofrenda agradable a Dios.

A María antísima le pedimos que nos de la inteligencia necesaria para reconocer que en medio de las diferencias, todos somos hermanos en Cristo y que a través del perdón el pecado social es vencido por el amor del Señor. Ob amorem Dei.