Domingo, diciembre 11, 2016

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA. 15 DE MARZO (Lc 11,14-23)

Llama la atención en el evangelio de hoy la fe tan débil por parte de quienes habían presenciado el milagro obrado por Jesús en el hombre endemoniado; con toda seguridad algunos de los espectadores creyeron en Jesús, pero la mayoría no, porque estaban siendo incitados por los fariseos para contradecir a Jesús, para reprochar sus actos y para expulsarlo de la región.

Estos últimos le pedían pruebas al Señor para creer en él, no obstante haber sido testigos de los actos prodigiosos que había realizado Jesús en favor de sus hermanos; significando con lo anterior, la cerrazón del corazón humano, al actuar cotidiano de Dios en la vida por medio de su Hijo Jesucristo.

A la corriente farisaica no le bastaba contemplar a Jesús sanando al tullido, expulsando demonios, curando al sordomudo, dàndole luz al ciego de nacimiento, prodigándole perdón a la mujer arrepentida, resucitando al hijo de la viuda de Naím, quien era llevado por la caravana de la muerte al cementerio; estos y muchos otros sucesos eran pruebas fehacientes de su condición de Hijo de Dios y no de su papel de taumaturgo; y en medio de estos hechos portentosos no terminaban de creerle.

Hermanos y hermanas, puestos en las manos de María nuestra Madre del Cielo, imploremos de Dios la capacidad para entender qué significa: "el que no recoge conmigo desparrama".

Ob amorem Dei.