Domingo, diciembre 04, 2016

EL PAN DE LA PALABRA PARA EL 14 DE FEBRERO. (Mc 8,14-21)

Si en evangelio de ayer contemplábamos la poca fe por parte de los fariseos, hoy visualizamos esta misma experiencia en los apóstoles del Señor. La escena empieza con la afirmación que en la barca solo había un pan y por tanto la desesperación, el temor y la angustia se apoderó de los apóstoles; sin caer en la cuenta que la presencia de Jesús en medio de ellos era una realidad; definitivamente los ojos de los apóstoles estaban vendados y por lo tanto imposibilitados para contemplar al pan vivo bajado del cielo, al pan de los ángeles en medio de sus vidas.

Los apóstoles del Señor no obstante haber sido testigos de las maravillas que obraba su Maestro, no creían en Él con todo el corazón, porque amaban más sus vidas que a Jesucristo; solamente cuando fueron testigos de su resurrección, tuvieron la capacidad de ofrendar sus vidas con alegría por aquél que un día los había llamado a ser pescadores de hombres.

Hermanos y hermanas, nosotros no necesitamos ver milagros para creer en el Señor; su presencia divina en la eucaristía es el milagro cotidiano, que los creyentes tenemos para crecer en la fe y fundamentalmente para experimentar cómo Dios quiso quedarse con nosotros en la persona de su Hijo nuestro Señor. "Ob amorem Dei"