Lunes, diciembre 05, 2016

EL PAN DE LA PALABRA PARA EL 10 DE FEBRERO. (Mc 7, 31-37)

El acto por parte de Jesús de separar al hombre enfermo de la multitud, manifiesta la predilección por cada una de las personas, por encima de la masa, que en algún momento ahoga el valor de la individualidad que hace del hombre y de la mujer seres con una caracterización propia, con sueños y proyectos por cumplir en aras de su realización personal. Normalmente en la Sagrada Escritura, la multitud cumplía dos funciones en lo atinente a los enfermos; en primer lugar posibilitaba el que el enfermo descubriera a Jesús, como en el caso del ciego Bartimeo: "Es Jesús", y en segundo lugar hacía posible la exclusión del enfermo, como se puede notar también en el milagro de Bartimeo: "la multitud le decía que se callara, que no incomodara a Jesús, y entre más se lo prohibían, él más gritaba". Lo anterior nos lleva a pensar que muchos de nosotros podemos como la multitud, acercar a las personas a Jesús o simplemente alejarlas de Él.

En el milagro de hoy, el protagonista es un sordomudo,. padece de dos enfermedades, lo cual insertos en la cultura de aquel tiempo, nos lleva a pensar que sus pecados habían sido tan graves, que le mereció cargar con semejante pena; no obstante esto, Jesús lleno de misericordia y de amor por él, toca sus oidos y su lengua, y de esta manera lo sana, devolviéndole de esta manera el valor de su individualidad en medio de la muchedumbre. Hoy le pedimos al Señor que por intercesión del Corazón Inmaculado de María, nos permita escuchar su Palabra y predicarla, pues en esto consiste el verdadero milagro obrado por Jesús en el evangelio de hoy. "Ob amorem Dei"