Viernes, diciembre 09, 2016

EL ICONO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE ANDREW RUBELV -2.1-

Formas geométricas de la composición:  son rectángulo, cruz, triángulo y círculo.

§      Rectángulo: En las concepciones de la época, la tierra era octogonal, y el rectángulo es el jeroglífico de la tierra que vemos en la parte inferior de la mesa. La parte superior de la mesa también es rectangular. El rectángulo expresa los cuatro lados del mundo, los cuatro puntos cardinales, que en los Padres de la iglesia eran la cifra simbólica de los cuatro evangelios en su plenitud, a la que no se le puede añadir ni suprimir nada; es el signo de la universalidad de la Palabra. Esta parte superior de la mesa-altar representa la Biblia ofreciendo la copa, fruto de la Palabra.

 

amordivino

lasmanosLas manos de los ángeles convergen en el signo de la tierra, ésta es el punto de aplicación del amor divino. El mundo está más acá de Dios como un ser de naturaleza diferente, pero incluído en el círculo sagrado de la comunión del Padre.

 

 §  La Cruz:  Según la tradición del árbol de la vida se extrajo la madera de la cruz. Su figura es el eje invisible, pero el más evidente de la composición. Esta divide al ícono en dos y se cruza con la línea horizontal que une los círculos luminosos de los ángeles de los lados y forma la cruz.

La cruz se inscribe en el círculo sagrado de la vida divina, es el eje vivo del amor trinitario. 

§  El triángulo: Si se unen los extremos de la mesa al punto que se encuentra justo sobre la cabeza del ángel del centro, se puede ver que los ángeles se sitúan exactamente en un triángulo equilátero. Esto significa la unidad e igualdad de la trinidad.

§  El círculo: la línea trazada siguiendo los contornos exteriores de los tres ángeles forma un círculo perfecto, símbolo de la eternidad divina. El centro de este círculo está en la mano del Padre el Pantocrator.

§  Padre:

Padre

       Las  líneas del lado derecho del ángel central se amplifican a medida que se acercan al ángel de la izquierda. En el lenguaje simbólico de las líneas, las curvas convexas designan siempre la expresión, la palabra, el despliegue, la revelación; y por el contrario, las curvas cóncavas significan obediencia atención, abnegación, receptividad. El Padre está vuelto hacia el Hijo. Le habla. El movimiento que recorre su ser es el éxtasis. Se expresa enteramente en el Hijo: “El Padre está en mi. Todo lo que el Padre tiene es mío”.

§ Hijo:

Hijo

   El Hijo escucha, las parábolas de su vestido muestran la atención suprema, el abandono de sí. 
    El también renuncia así mismo para ser solo Verbo de su Padre. “las palabras que yo os digo, no las digo
    por mí mismo; el Padre que habita en mí es quien realiza sus propias obras”. 
    Su mano derecha reproduce el gesto del Padre: la bendición

 

§  Espíritu

Espíritu

     La dulzura del ángel de la derecha tiene algo de maternal. ( Ruah= el espíritu en las lenguas semíticas es femenino. Los textos sirios lo llaman a menudo el consolador: Consoladora). Es el consolador, pero también es el Espíritu: el Espíritu de la vida. Es el que da la vida y de quien todo se origina. Por su inclinación y el impulso de todo su ser, está en medio del Padre y del Hijo: Es el Espíritu de la comunión. El movimiento parte del él.

Con una tristeza inefable, dimensión divina del Agape, el Padre inclina su cabeza hacia el hijo. Parece que habla del cordero inmolado cuyo sacrificio culmina en el cáliz que bendice. La posición vertical del Hijo traduce toda su atención, su rostro está como cubierto por la sombra de la cruz; pensativo, manifiesta su acuerdo con el mismo gesto de la bendición. Si la mirada del Padre, en su profundidad sin fondo, contempla el único camino de la salvación, la elevación apenas perceptible de la mirada del Hijo traduce su consentimiento. El Espíritu Santo  se inclina hacia el Padre; está sumergido en la contemplación del misterio, su brazo tendido hacia el mundo muestra el movimiento descendente, Pentecostés.

§         Los colores en la iconografía poseen su propia lengua. En Rublëv alcanzan una riqueza inigualable, una armonía musical  plena con toda la gama de los más finos matices. Sin embargo no  hay efectos policromáticos, pues nada  viene a turbar la profundidad del recogimiento divino. La densidad de los colores de la figura central se realza por el contraste con la blancura de la mesa y se refleja en el tornasol sedoso de los ángeles que lo rodean.

§         El púrpura oscuro ( el amor divino) y el denso azul ( la verdad celeste) con el oro rutilante de las alas ( la abundancia divina) forman una armonía perfecta que se perpetúa y se vuelve a encontrar en una tonalidad dulcificada como una revelación matizada: rosa pálido y lila a la izquierda, azul más suave y verde plateado a la derecha.

§         El oro de los tronos, asiento divino, habla de la superabundancia de la vida trinitaria.

§         El azul llamado “azul de Rubëv” traduce el color del cielo de la Trinidad y del Paraíso.
 
§         De lejos esta composición da la impresión de una llama roja y azul. Todo arde en el aire resplandeciente del mediodía. “Quien está cerca de mi está cerca del fuego”.

Una poderosa llamada se desprende del icono: “Sed uno, como el Padre y yo somos uno”.  Todos los hombres son llamados a reunirse alrededor de la misma y única copa, a ascender hasta el nivel del corazón divino y tomar parte en la comida mesiánica.

 §  La visión termina con una nota escatológica: es una anticipación del Reino de los cielos añada por la luz que no es de este mundo, por el hecho de que la Trinidad existe y nos ama. La sorpresa brota del alma pero se calla. Los místicos nunca hablan de la cumbre, sólo el silencio la descubre. (1)

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Tomado de: http://www.dominicos.org/manresa/Trinidad2.htm#_ftnref1

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( Paul Evdokimov , El arte del ícono, Publicaciones Claretianas, Madrid 1991)