Miércoles, diciembre 07, 2016

HOMILÍA PARA EL 8 DE ABRIL DE 2007 DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Misioneros Oblatos de los cc.ss de Jesús y María
Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43; Salmo: 117; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9
Domingo 08 de Abril de 2007
Domingo de pascua

"Dios saca su victoria de una serie de derrotas: JESUS RESUCITO". P. Matovelle.

En este domingo de resurrección, bueno es darle gracias a Dios porque ha vencido la muerte y nos ha posibilitado la vida en Cristo.

Venimos hoy presurosos como Pedro y Juan a encontrarnos con Jesucristo resucitado, venimos hoy presurosos, caminando por las sendas de nuestras propias preocupaciones a encontrarnos con aquel que es la serenidad; corriendo al igual que Pedro y Juan nos acercamos a aquel que es la alegría, a aquel que es la vida.

Corramos hoy más que el incrédulo Pedro y a paso no vacilante como el de Juan lleguemos a contemplar el sepulcro vacío, no como evidencia de resurrección, ni como subterfugio de ilusiones; sino como posibilidad de esperanza; y como Juan transitando por los senderos del amor resucitemos con el Cristo de la historia, con el Jesús de nuestra vida.

Dejemos tirados en el piso, los lienzos ensangrentados por la muerte, abandonemos los lienzos ensangrentados de dolor que cubren nuestra patria; dejemos atrás los lienzos que huelen a muerte y a miseria y vistámonos hoy de Jesucristo, para darle vida a la humanidad entera.

Dejemos en el piso los lienzos de nuestros egoísmos, dejemos en el piso los lienzos sucios de la desintegración familiar y vistámonos del manto del amor, ese es el manto que hoy cubre al resucitado.

Vana sería esta Semana Santa, si nuestras ceremonias se quedaron en simples ritos, necesitamos hacer vida aquello que celebramos y entonces podremos afirmar con certeza: Verdaderamente Jesús resucitó en nuestras vidas.

La resurrección del Señor, hermanos y hermanas, ha de hacernos hoy vivir con alegría, vivir con entusiasmo, vivir unidos en el amor en el cielo de la familia, esto es resurrección.

La resurrección del Señor no ha de ser un acontecimiento cargado de euforia y sensibilidad pasajeras; ha de ser, un acontecimiento duradero y transformador de vidas que desean resucitar junto con Cristo.

Que María Santísima ilumine y guíe nuestra vida por las sendas de su Hijo, nuestra Pascua.

P. Ernesto León D. o.cc.ss