Miércoles, diciembre 07, 2016

CONFIANZA

Definición e Información relacionada

Confianza. 1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. 2. f. Seguridad que alguien tiene en sí mismo. Realización. 1. f. Acción y efecto de realizar o realizarse. Realizarse. 4. prnl. Sentirse satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba. Superación. 1. f. Acción y efecto de superar. 2. tr. Vencer obstáculos o dificultades. 5. prnl. Dicho de una persona: Hacer algo mejor que en otras ocasiones.
—Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo segunda edición

Una sensación de seguridad
La vida de todos los días y los acontecimientos excepcionales están llenos de retos y desafíos para cada uno de nosotros. En realidad nunca sabemos bien qué nos espera en el futuro inmediato, cuando salimos de casa, o a largo plazo, digamos en cinco o diez años. En realidad resulta imposible saber lo que habrá de ocurrir, porque el mundo está hecho de riesgos y cambios constantes: nuestra familia, nuestra escuela y ciudad se modifican a cada instante. Esos cambios pueden ser positivos o negativos y a veces pensar en ellos, o vivirlos cuando son ya una realidad, provoca miedo e incertidumbre. ¿Qué podemos hacer si nada parece demasiado seguro?

La respuesta es muy sencilla: confiar en nosotros mismos, en nuestra fortaleza y poder de adaptación, en nuestra capacidad de responder a los retos que nos pone la vida. Aunque ninguno de nosotros es un superhéroe y todos estamos sujetos a fallas y errores, siempre debemos estar seguros de que nuestros conocimientos, nuestros valores y nuestros principios son un escudo protector que nos permite avanzar a salvo por la vida. Quien no confía en sus propias fortalezas no puede obtener avances. Quien sabe reconocerlas se supera día con día, cumple sus metas y logra realizarse: llevar a cabo sus proyectos más importantes, ser cada día mejor persona e ir más allá de sus posibilidades actuales.

Extremos contrarios

El regalo del brahmán

Existió en la India, hace tal vez miles de años, un maestro llamado Mitra Sharma. Compartía sus enseñanzas y experiencias con todas las personas que se acercaban a él para pedirle consejos. Sin embargo, su mayor problema era que no tenía suficiente confianza en sí mismo y era muy fácil que los otros le hicieran dudar. En una ocasión prestó un importante servicio a un hombre rico y poderoso que, como recompensa, le regaló una graciosa cabrita. Mitra estaba feliz por el obsequio, cargó al animal sobre los hombros y se encaminó a casa.
Tres astutos pillos que se hallaban por allí decidieron quitarle la cabra. “Como nunca confía en sí mismo, será muy fácil lograrlo”, aseguraron y pensaron en un plan para apoderarse de ella mediante engaños. El grupo de pillos se separó y cada uno se escondió en tres puntos diferentes del camino que iba a recorrer el brahmán.
Minutos después, cuando el brahmán llegó hasta una zona apartada, uno de los pillos le salió al paso y le preguntó:
—Señor ¿qué está haciendo? Me parece increíble que un hombre inteligente como usted lleve cargado un perro sobre los hombros.
—¡No es un perro, es una cabra! —le contestó muy enojado el brahmán.
—Disculpe, señor, a mí me parece que es un perro, pero allá usted… —añadió el pillo y se fue.
Molesto por el incidente, el brahmán siguió caminando. Minutos después lo sorprendió otro de los rufianes y le dijo:
—Señor, ¿cómo es posible que vaya cargando un becerro muerto?
—¡No es un becerro, es una cabra! —gritó el maestro.
—Disculpe, pero para mí está claro que es una cabra —dijo el pillo antes de alejarse— pero allá usted…
Más enojado todavía, el brahmán continuó avanzando por su camino.
No había avanzado ni doscientos metros cuando el tercer malviviente salió desde su escondite entre los arbustos y le habló:
—Maestro Mitra, yo siempre he creído que usted es un sabio, a todos nos ha enriquecido con sus conocimientos y su ejemplo. Por eso me parece muy pero muy raro que vaya usted cargando a ese burro. ¿Para qué lo necesita? ¿Se siente usted bien?
¡Caramba! No es un burro, es una cabra —le dijo Mitra enfurecido.
El tercer pícaro se alejó y el maestro se quedó pensando muy preocupado: “¿Qué es en realidad esto que voy cargando? Un hombre me dijo que era un perro; otro, que era un becerro; y uno más, que era un burro. Qué se me hace que en verdad no es una cabra, sino un fantasma que cambia de apariencia a su gusto… Puede ser muy peligroso andar con una criatura así. Mejor voy a deshacerme de ella”.
Asustado, lleno de dudas y desconfiado, se quitó de los hombros a la cabra. Estaba tan atemorizado que salió huyendo del lugar. Los pillos, que lo habían ido siguiendo, se acercaron rápidamente y se apoderaron del animalillo. Muertos de la risa se alejaron llevándolo como trofeo. Uno de ellos dijo:
—¿Ya ven qué fácil es engañar a las personas que no saben confiar en sí mismas? Con todo y su sabiduría, ese maestro es un bobo.
Cuando menos lo esperaban, la pequeña cabra tomó la palabra:
—Pues yo no confío para nada en ustedes, pero sí confío en el poder de mis patas— les avisó y, tras decir esto, se alejó corriendo a gran velocidad, se subió a un peñasco donde los pillos ya no pudieron atraparla y regresó feliz a su viejo rebaño.

—Adaptación de un relato del Panchatantra

Para reflexionar

Mini relato
Sabiduría popular

Al mal tiempo, buena cara
En los momentos difíciles, lo mejor es tener una actitud positiva y confiar en que lograremos superar los problemas.

Problemas para pensar
Un mensaje para los padres

En la base de una familia feliz está el valor de la confianza. Ésta es un elemento crucial para la pareja que la conforma y la sustenta. Cuando nacen los hijos los padres deben confiar en sí mismos como educadores y en el potencial de desarrollo que hay en ellos. Mientras en las generaciones anteriores inculcar miedo o temor al castigo en los pequeños era una estrategia básica de educación, hoy sabemos que la apertura, el acercamiento y la comprensión con los hijos ofrece verdaderos logros. La mejor forma de criar hijos seguros de sí mismos y una estructura de personalidad sólida consiste en ofrecerles certeza y seguridad como padres: atender sus necesidades, escucharlos y ser sensibles a sus problemas, así como manejar bien el margen de libertad y responsabilidad que les damos.


Acciones a seguir

  1. Eviten ser una familia llena de secretos y asuntos no explicados a los pequeños. Si, por ejemplo, la madre es soltera o el niño es adoptivo hay que decírselo con tacto y cariño.
  2. Detecte los temores de sus hijos y trabaje sobre ellos haciéndoles entender cómo y por qué pueden controlarse.
  3. Sea consistente en sus mensajes e instrucciones. Si le ha dicho al pequeño que no es bueno mentir, no le pida que mienta para ayudarlo.

Un mensaje para los maestros

Para un niño la escuela puede ser un ambiente hostil e inhóspito o un ambiente receptivo y hospitalario. Todo depende de la interacción del alumno con sus compañeros de grupo y de los términos en que se establezca la relación con el maestro. Aunque la autoridad es necesaria en el aula, el trabajo educativo más provechoso es el que se genera en una atmósfera de confianza que usted debe construir. Su responsabilidad es doble: crear confianza entre cada educando y usted, y garantizar la confianza entre los miembros del grupo.


Acciones a seguir

  1. Nunca enfatice o señale las incapacidades o desventajas del alumno con respecto a alguna materia o actividad escolar.
  2. Ponga atención especial a los pequeños que sufren algún tipo de hostigamiento, por ejemplo, por sufrir una discapacidad física o tartamudear. Prohíba cualquier tipo de abuso contra ellos.
  3. Impulse, con el apoyo de los padres, las aptitudes especiales que pueda distinguir en cada alumno. Por ejemplo, si tiene talento musical, recomiende lecciones de música extraescolares.

La hazaña de Charles Lindbergh

Hoy volar en avión grandes distancias nos parece muy natural y para miles de personas es una experiencia común, segura y confortable. Pero lograrlo por primera vez fue una hazaña increíble. Una hazaña que sólo fue posible gracias al valor y la seguridad en sí mismo del piloto Charles Lindbergh. El máximo logro de su carrera, el primer vuelo de la historia entre Estados Unidos y Europa, exigió la superación de temores y obstáculos y se convirtió en una gran historia de realización personal con consecuencias positivas para la humanidad.
Desde niño Charles Augustus Lindbergh (1902-1974) tuvo gran interés por los automóviles y los aviones. En 1922 abandonó la carrera de ingeniería y se inscribió en una escuela de vuelo en Nebraska. Voló por primera vez como pasajero el primero de abril de 1922. Su primer vuelo como piloto y único ocupante de la nave tuvo lugar un año después. Los viajes eran cortos y llenos de dificultades, la tecnología de las naves apenas estaba desarrollada y el propio Lindbergh se encargaba de repararlas. El principal riesgo eran los accidentes. En junio de 1923 sufrió un percance a bordo de su aeroplano Jenny que cayó en una zanja.
En los años que siguieron continuó su entrenamiento con el Servicio Aéreo de la Armada de Estados Unidos. El 5 de marzo de 1925, una semana antes de graduarse, sufrió su accidente más grave: un choque con otra nave en pleno aire. Sin embargo, sobrevivió, consiguió graduarse, avanzó en sus prácticas de vuelo y trabajó en el correo aéreo.
En aquella época el millonario dueño de hoteles Raymond Orteig ofreció un premio de veinticinco mil dólares al piloto que lograra realizar un vuelo sin escalas entre las ciudades de Nueva York y París, atravesando el Océano Atlántico. El concurso llamó la atención de varios pilotos más reconocidos y experimentados que Lindbergh, quien además era el más joven. A pesar de ello, éste decidió participar, solicitó un préstamo bancario y usó sus escasos ahorros para adquirir su propia nave: el Espíritu de San Luis, un avión de una sola plaza construido en San Diego, California. Su desafío era enorme: antes de él seis pilotos habían muerto en el intento de lograrlo.
Lindbergh despegó del Campo Roosevelt, en Nueva York, a las 7:52 del 20 de mayo de 1927. Su vuelo estuvo lleno de peligros: tuvo que librar densas nubes de tormenta, avanzar a ciegas entre la neblina y, por momentos, guiarse sólo por las estrellas. Disponía de instrumentos de navegación muy elementales y por momentos tenía que valerse sólo de sus conocimientos e intuición.
Después de casi 34 horas de vuelo aterrizó en el aeropuerto le Bourget de París a las 22:10 del día 21 de mayo. El avión había sufrido sólo algunos daños menores y él estaba sano y salvo. En la terminal aérea lo estaban esperando unas ciento cincuenta mil personas; en cuanto Lindbergh bajó del avión lo cargaron en hombros y lo aclamaron por más de una hora. El piloto saltó de inmediato a la fama, su hazaña motivó que miles de personas confiaran en los aviones como medios de transporte y que se aceleraran los progresos técnicos en la construcción y uso de éstos. La clave de su triunfo fue confiar en sí mismo.

Giuseppe Garibaldi, unificador de Italia

La vida de Giuseppe Garibaldi (1807-1882) estuvo llena de aventuras. Fue marinero, organizó levantamientos en defensa de una nación italiana y estuvo exiliado en Sudamérica. En 1848 se propuso luchar por la independencia de Italia, dominada por el imperio austriaco. Confiaba en que los diversos estados italianos podían juntarse en uno solo, más fuerte y sólido. Con el apoyo de su guerrilla, los Camisas Rojas, conquistó Sicilia y Nápoles. Aunque no obtuvo todo lo que buscaba, despertó el sentimiento de confianza e identidad entre los italianos e impulsó el proyecto de un gobierno republicano que se realizó muchas décadas después. Es el máximo héroe de su país.

Lo que dicen los libros

Elogio de la confianza
La verdadera meta de los seres humanos es la autorrealización que pueden alcanzar al cumplir consigo mismos y con el mundo. La tendencia humana básica es la autorrealización, de modo que las experiencias cumbre de la vida son producto de la creatividad y la confianza en nosotros mismos. Por su propia iniciativa, los seres humanos son quienes juegan el papel activo en la misión de cumplir sus metas. Hablamos, finalmente, del impulso de los individuos para crecer, mejorar y desarrollar todo su potencial.”
—F. Philip Rice, Desarrollo Humano. Estudio del ciclo vital.

Actividades
El valor en acción
Mi valor

Ahora ya sabes qué le pasó al maestro Mitra por no tener suficiente confianza en sí mismo y en lo que veían sus ojos. Ya conociste cuántos obstáculos superó Charles Lindbergh para conseguir su proeza. Cuentas con la información básica sobre los valores de confianza, realización y superación… Ahora tienes que hacerte dueño de ellos.

Experiencias que valen
Escribe qué aprendiste en este capítulo. ¿Qué te llamó más la atención?
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Escribe una experiencia que tuviste con los valores de confianza, realización y superación después de leer este capítulo.
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Frases

“La confianza en uno mismo es la base de la vida; si la pierdes se te pierde la vida.”
—Bertolt Brecht

“Haz lo mejor que puedas y llega siempre hasta el final.”
—Abraham Lincoln

“Las batallas más importantes en la vida son las que peleamos diariamente en el silencio de nuestra alma.”
—David O. McKay

“La meta principal es la autorrealización íntima de cada persona. Nunca debe descuidarse por metas secundarias.”
—Siddharta Gautama (Buda)

“Lo que un hombre piensa de sí mismo es lo que determina e indica su destino.”
—Henry David Thoreau

“La confianza en uno mismo y la rápida decisión son el preludio del éxito.”
—José Martí

“La autorrealización es un proceso continuo de desarrollo de nuestros potenciales, el empleo de nuestras habilidades y nuestra inteligencia y el trabajo para hacer bien lo que deseamos.”
—Abraham Maslow

“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos”.
—Arthur Schopenhauer

Fuente: www.valores.com.mx