Jueves, diciembre 08, 2016

CIVILIDAD

Civilidad

Civilidad
Civilidad. Sociabilidad, urbanidad. Orden. Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. Urbanidad. Comedimiento, atención y buen modo. Cortesía. Demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

—Diccionario de la Real Academia Española

¿Qué sabes de estos valores?
El trato con los demás es parte de tu vida diaria y, sin duda, sabes alternar con ellos. Dentro de casa te repartes las tareas con tu familia. En la calle sabes cuándo es momento de cruzar una calle y cuándo debes ceder el paso. La escuela es tu mayor experiencia en ese sentido: te reúnes con el maestro y tus compañeros en un horario establecido y en un espacio acordado (el salón de clases), toman decisiones de común acuerdo, distribuyen sus actividades y materiales de trabajo. Cuando ocurre algo excepcional, como un problema entre alumnos, todos saben que hay una estructura de autoridad para resolverlo. En conjunto esas acciones muestran respeto y consideración por los demás en distintos niveles.

La civilidad y tú

Estos valores avanzan en una escala gradual, que va de lo superficial a lo profundo. En la superficie se hallan la urbanidad y la cortesía, un conjunto de normas fáciles de aprender y seguir: cuidar la higiene y apariencia personales, hablar con amabilidad a los demás personas y comer con buenos modales. En el siguiente plano se encuentra el orden: la organización de las actividades y proyectos de manera que tomen en consideración los de los demás. En el nivel más profundo está la civilidad: la capacidad de llevar la cortesía, el respeto y el orden a toda la sociedad en su conjunto y crear un clima propicio para la convivencia y la participación.

El antivalor y sus riesgos
La incivilidad dificulta la vida diaria, pues genera desorden y continuos conflictos entre las personas. En el peor de los casos degenera en violencia, inseguridad y retraso en el desarrollo social.

Al amparo de Manuel Crescencio
En cualquier sociedad moderna que valore la civilidad, los ciudadanos pueden protegerse contra los actos del gobierno que violen sus derechos. En México esa posibilidad se conoce como Juicio de Amparo. Su impulsor fue el abogado yucateco Manuel Crescencio Rejón (1799-1849). En 1840, en el proyecto de constitución de su estado, estableció como facultad de la Corte Suprema amparar a las personas en el goce de sus derechos violados por leyes o actos de la autoridad. Hoy día el Juicio de Amparo se contempla en el artículo 107 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Frases

“La civilidad permite eliminar la tensión que existe en las diferencias de la sociedad y los diversos grupos a los que pertenecemos. Es un reconocimiento tolerante y generoso de nuestro apego al orden social y de la responsabilidad común que tenemos con respecto a éste, sin importar nuestra diversidad.”
—Lloyd Fallers

“La civilidad es más alta cuando nuestro sentido moral es más profundo.”
—Ralph Waldo Emerson

“Toda sociedad basa su comportamiento en el respeto mutuo y las leyes que la rigen.”
—Anónimo

“Coman en su casa con los modales que emplearían en casa del rey.”
—Confucio

“Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien.”
—Pitágoras

“La cortesía es el más exquisito perfume de la vida.”
—Amado Nervo

“En la base de la civilidad se encuentra la conciencia.”
—Scott Peck

“La urbanidad es una forma elaborada y labrada por el espíritu.”
—Godofredo Iommi

“En la casa cada cosa debe tener su lugar, y cada asunto su tiempo.”
—Benjamin Franklin

“La cortesía es una rama de la caridad.”
—Juan XXIII

“Entre los hombres surge la violencia cuando olvidan respetar su pacto de civilidad.”
—Boris Cyrulnik

“Nuestra expresión deja siempre una impresión.”
—C. A. de Saint-Beuve

“El orden es la auténtica llave de la vida.”
—Le Corbusier

“La cortesía hace que el hombre aparezca exteriormente tal como debería ser en su interior.”
—Jean de la Bruyère

“Cualquier acción hecha en compañía debe mostrar consideración a quien está con nosotros.”
—George Washington

“La base de la urbanidad es moral: no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti.”
—Amando de Miguel

“Donde no hay orden, hay caos.”
—Fray Lucas Pacioli

“La cortesía no cuesta nada y gana mucho.”
—Mary Wortley Montague

“La civilización existe porque existe la civilidad como principio de convivencia.”
—Carlos Castillo López

“El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su verdadera imagen.”
—Johann Wolfgang von Goethe

“La educación y la cortesía abren todas las puertas.”
—Thomas Carlyle

“La verdadera civilidad es la esperanza y la confianza en los seres humanos.”
—Henry David Thoreau

“Hay que saber extender la atención, la cortesía y urbanidad incluso a los enemigos.”
—Antonio Nariño

“Cuando se rompen las reglas de la civilidad queda poca esperanza de volver a la amabilidad y la decencia.”
—Samuel Johnson

“La escalera ha de barrerse empezando por arriba.”
—Proverbio rumano

“Las buenas formas están hechas de sacrificios insignificantes.”
—Ralph Waldo Emerson

Cuento

La fórmula mágica

Una aldea de Nepal, habitada por treinta familias, era gobernada por el rey Magadha. La justicia y rectitud de sus acciones le habían ganado el apodo de “el bueno”. Magadha pensaba que la mejor forma de educar al pueblo era con el ejemplo: trabajaba con ellos, limpiaba las calles con ellos y compartía la mesa con ellos.

Con estas lecciones, los pobladores aprendieron a cooperar y evitar los problemas entre sí. Los resultados llegaron pronto: construyeron hermosas casas y dotaron de servicios a toda la aldea que se convirtió en un lugar tranquilo, seguro y apacible. En un clima de amistad y respeto todos se dedicaban a buscar formas de mejorar la calidad de vida.

Pero alguien no estaba de acuerdo. Se trataba de Ravi, juez del gobierno anterior a Magadha. En ese entonces la población estaba inquieta y Ravi lo aprovechaba para enriquecerse: cuando le planteaban cualquier disputa o problema, pedía dinero a cambio de favorecer a una parte, aunque no tuviera razón. Incluso recibía sobornos para permitir la venta de un fuerte licor, muy malo para la salud. Llegó a ser el hombre más temido y acaudalado del lugar. Pero cuando Magadha llegó al poder, perdió el dinero y el respeto de todos: un bandido como él no tenía nada que hacer en ese pueblo pacífico, justo y ordenado.
Ravi hizo un plan para recuperar su poder y solicitó audiencia con el rey.

—Majestad. En la zona más remota de la aldea hay personas dedicadas a perjudicar a los demás: ensucian el agua del río, molestan a los animales, cortan las plantas y hasta se emborrachan —le mintió.

El rey no creyó una sola palabra pero quiso darle una lección.

—No puede haber gente así en mi reino. Por favor tráelos a mi presencia —le solicitó.

El malvado Ravi detuvo a personas inocentes que jamás habían tenido una mala conducta y los llevó a la presencia del rey. Éste simuló estar convencido del falso relato y tomó una decisión: los diez culpables serían castigados; tendrían que acostarse en el piso y tres feroces elefantes caminarían sobre ellos.

Llegó el día del castigo y ocurrió algo muy curioso. Los elefantes se quedaron quietos.

—¿Qué ocurre? —preguntó el malvado Ravi— Con seguridad estos delincuentes practican la magia, o dieron algo de beber a los elefantes.

—Sin duda, dijo el rey. —En esta aldea trabajamos con una fórmula mágica que tiene cinco pasos: respetar la vida, respetar la propiedad, respetar nuestro cuerpo, hablar con la verdad y no dejarnos perder por el alcohol. Así conseguimos que hasta las fieras se amansen. Hoy, entre todos, quisimos darte esa lección.

Ravi fue expulsado de la aldea. Le prometieron permitirle la entrada cuando hubiera aprendido cada paso de la fórmula mágica para convivir en sociedad.
—Cuento budista incluido en la colección Jataka.
 

Cuento
La lección del coscorrón

rifle
En una ocasión David, el dueño de una modesta hostería en el este de Rusia llamó a la puerta de Yitzchak Levi, un hombre mayor, famoso por la sabiduría de sus consejos y el poder de sus buenos deseos.
—Maestro, vengo a pedirle un consejo. ¿Está permitido defender las propiedades? —le preguntó.
—Desde luego que sí, ¿qué necesitas defender? —preguntó, a su vez, Yitzchak Levi.
—Mi negocio. Deme sus buenos deseos —repuso David.
—Explícame mejor —solicitó el sabio.
—Todas las noches, una pandilla de jóvenes campesinos entra a robarme la comida.
—¿Y cómo piensas defenderte?
—Mi paciencia llegó al límite. Les grité que no volvieran. Incluso compré un perro guardián, pero no sirvió de nada. Sólo queda un remedio: hoy mismo iré a comprar un rifle. Deme sus buenos deseos.
—¿Y cómo usarás el rifle para proteger tu propiedad? —preguntó Yitzchak Levi.
—Cuando oiga que se acercan dispararé al aire, y si alguno se aproxima, le apuntaré. Esos rufianes sólo entienden la fuerza.
El hombre sabio quedó pensando y le dijo:
—¿Y no crees que ellos también pueden comprar un rifle? Si tú usas uno los invitarás a que sean más astutos y violentos.
—No veo otro remedio. Así que voy a la tienda —repuso enojado David antes de salir y alejarse por la calle.
Yitzchak Levi salió corriendo a alcanzarlo.
—¡Espera! ¡Espera! He cambiado de parecer —le gritó.
David se detuvo y caminó en dirección a él.
—Puedo darte mis buenos deseos, pero primero haremos una prueba —le aclaró.
Sin más explicaciones Yitzchak Levi le dio un fuerte coscorrón.
—¿Por qué hiciste eso? Tú no tienes por qué pegarme —se quejó David.
Yitzchak Levi se explicó.
—Te di el coscorrón porque pensé que sólo entendías a través de la violencia. Pero he notado que sabes bien que hay otras formas de llegar a acuerdos para vivir mejor en sociedad, como esta charla ¿verdad?
—Pues sí… —comentó David.
—Ahora puedes ver que tu proyecto del rifle no tiene ningún sentido. Quienes te roban carecen de civilidad. La clave para corregir la situación no es ponerte a su nivel ¡pronto todo sería un desorden y la gente andaría disparando acá y allá! El secreto es buscar que ellos aprendan, entiendan y alcancen un nivel de pensamiento más alto —le dijo.
Aquella noche los dos esperaron juntos a los jóvenes bandidos y, al verlos llegar, los invitaron a conversar. David les ofreció trabajo a cambio de buenos alimentos y establecieron así un pacto de concordia y respeto.
—Cuento jasídico
 

El valor en la historia
El poder de la civilidad

La Revolución de terciopelo
Por diferentes razones, las sociedades del mundo deciden dar nuevo rumbo a su historia. A veces esos cambios producen guerras con cuantiosas pérdidas materiales y humanas. La máxima expresión de civilidad es lograr la transformación evitando esos daños. El ejemplo más reciente de un cambio pacífico ocurrió en Checoslovaquia, en 1989.
Después de sufrir la ocupación de los nazis, en 1948 la libertad de los ciudadanos de aquel país se vio suspendida de nuevo por el golpe de estado del Partido Comunista, apoyado por la Unión Soviética. Comenzó así un periodo en que el gobierno controlaba todos los aspectos de la vida política, prohibía la libertad de expresión, impedía los viajes al extranjero y encarcelaba a los opositores.
Dos décadas más tarde, en 1968, los estudiantes organizaron un movimiento en busca de democracia. Sin embargo, la Unión Soviética envió tropas militares a invadir el país y aplacó la rebelión con el poder de las armas. Los comunistas siguieron gobernando con mano dura por dos décadas más.
Cuando llegó al poder, en los años ochenta, el presidente soviético Mijaíl Gorbachov consideró que el comunismo generaba condiciones de vida muy difíciles para su propio país y otras naciones de Europa del este. Por eso dio inicio a una política de apertura democrática.
Inspirados por ese ánimo, el 17 de noviembre de 1989 los estudiantes checoslovacos organizaron un mitin para solicitar el fin del gobierno comunista, la posibilidad de que hubiera varios partidos y la libertad de los presos políticos. La policía trató de controlarlos, pero no fue posible.
Miles de habitantes más se sumaron al movimiento cuya filosofía fue la resistencia pacífica. El 19 de noviembre muchos se declararon en huelga y los teatros cancelaron sus funciones. Al día siguiente se llamó a un gran Foro Cívico para pedir la renuncia de las autoridades comunistas y elevar propuestas para organizar un nuevo país.
El gobierno optó por no usar la fuerza, pues la intervención militar hubiera provocado una enorme masacre. Las movilizaciones pacíficas, respetuosas y bien organizadas, lograron su cometido pocos días después: las autoridades comunistas renunciaron a sus puestos y en todo el país se oyó un grito de júbilo: “¡Qué viva Checoslovaquia libre!” El 29 de diciembre de 1989 Vaclav Havel, un antiguo preso político, fue elegido como el primer presidente democrático de ese país.
Durante este gran movimiento no hubo muertos ni heridos. La prensa extranjera reportó, sorprendida: “No se rompió ni una botella”. Por esa razón se le llama la “Revolución de terciopelo”.

Actividades
Ponte en acción

Revisa tu actividad diaria y detecta los “focos rojos” que ponen en riesgo la convivencia armónica. Atiende cinco puntos principales: el respeto a los demás, el respeto a sus derechos y libertades, el buen funcionamiento de los servicios públicos,  la conservación del medio ambiente y el respeto a los bienes públicos como los jardines y unidades de transporte.
Empieza por ti y corrige lo necesario. Luego trabaja con los demás. Con amabilidad invita a tus vecinos y compañeros de clase a que respeten las normas de convivencia, por ejemplo, la limpieza de áreas comunes, los turnos para participar en alguna actividad, el pago de cuotas por algún servicio que reciben. Invítalos siempre a crecer contigo.

Lo que aprendiste

El sentido de civilidad es el principio clave para transformar a una sociedad, desde sus aspectos más sencillos (como una calle limpia), hasta los grandes cambios políticos. Lo fundamental está en procurar que tus acciones tomen en cuenta a los demás, y que las acciones de los demás te tomen en cuenta a ti.

Amplía tu visión

Fuente: www.valores.com.mx