Jueves, diciembre 08, 2016

BOLETIN FORMATIVO PADRE MISAEL CASTILLO LEON. EQUIPO DE FORMACION OBLATO. (EFO). No 3. 2011.

LA ESPERA DEL MISTERIO DEL “DIOS CON NOSOTROS”

Al término del Tiempo Ordinario, el creyente ha de insertarse en la vivencia del  ADVIENTO, ambiente en el cual, el corazón de cada hombre y mujer transitando por la vía de la transformación interior y de la conversión, anhela con ESPERANZA, la llegada gozosa del Mesías: Jesucristo el Señor.
El Adviento cristiano es una invitación clara a hacer una peregrinación hacia el corazón de nosotros mismos, y una vez conseguido este objetivo, tener la capacidad de corregir aquello que está mal, aquello que trunca nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.
En definitiva, se trata de disponer nuestra vida de la mejor manera posible, de tal forma que convertida en un pesebre viviente, sea el lugar adecuado para el nacimiento de nuestro Divino Salvador.
El tiempo de Adviento a semejanza de la Cuaresma, permite al mundo cristiano abandonar los vestidos viejos del pecado, para que revestido de Jesucristo, pueda ser antorcha resplandeciente de vida y santidad para la humanidad entera.
Alegres entonces, porque tenemos la  oportunidad de reorientar nuestros pasos hacia Dios, aguardemos con esperanza el misterio de la encarnación de su Hijo Jesucristo.
Feliz navidad y bendiciones en el año nuevo, les desea el Vicario General de la Congregación de Misioneros Oblatos.


DIALOGO ENTRE EL PERFIL DEL MISIONERO OBLATO Y EL CONTEXTO DEL MUNDO ACTUAL

Con el presente artículo quiero suscitar una reflexión en torno al perfil del oblato que nuestra Congregación ha propuesto, y desde luego evaluar si éste, responde al contexto de un mundo cambiante, de unas prácticas pastorales menos cultuales e influidas de un compromiso social y de una teología que plantea la acción de la Iglesia en lugares donde Dios es el total ausente.
Miremos el perfil del consagrado oblato.
1.- El oblato es un ser humano consciente de su vocación cristiana como discípulo misionero consagrado y configurado con Cristo Buen Pastor.
2.-    Persona capaz de vivir la fraternidad evangélica en la Iglesia de acuerdo con su carisma de hostia e inmolación y en un continuo discernimiento personal y comunitario.
3.-     El oblato está abierto a las exigencias planteadas por los cambios en la Congregación, manteniéndose en camino para la búsqueda de nuevos horizontes de vida y trabajo personal y comunitario.
4.- Es un hombre encarnado en la sociedad, capaz de dar razón de su fe  y dispuesto a colaborar en la búsqueda de sentido de la humanidad.
5.- Es un gran pedagogo social que favorece el diálogo entre Iglesia y mundo
6.- Cuenta con las herramientas necesarias  para analizar las realidades cambiantes del mundo y de la historia.
7.-    Con capacidad de ser y vivir como consagrado Oblato...
8.-     Es un hombre que viviendo las virtudes de la caridad y el sacrificio, instaura con sus actos el reinado social de Jesucristo en el mundo, por la vía de la honestidad y el amor oblativo.
9.-  Es una persona en relación con el mundo y la naturaleza, con suficiente sensibilidad en su compromiso por la defensa de la ecología  y de la vida en todas sus formas.
10. Un hombre con mentalidad crítica, abierto a los disensos y a los consensos por la vía de la argumentación y la proposición.


ESCENARIO MUNDIAL EN EL CONTEXTO DE LO RELIGIOSO
UNA VISIÓN DESDE EL CONCEPTO  “DESENCANTAMIENTO DEL MUNDO.”


Para Gauchet, filósofo francés, el concepto en cuestión se ha de entender como “la etapa crucial de la salida de la religión; una etapa que amplía, intensifica y acelera el fenómeno. Lejos de “retornar” la organización religiosa del mundo se desvanece. La salida de la religión alcanza de lleno lugares a los que hasta ahora llegaba de manera remota… ( )  La salida de la religión es la salida de la estructuración religiosa de las sociedades….. ( ) La salida de la religión no significa el final de las creencias religiosas. Ellas cambian de sitio y de función, pero subsisten en el interior de un mundo que la religión ya no organiza. ( )… De ninguna manera se puede entender la salida de la religión como la tesis sostenida de prisa: “la muerte de Dios”, hablamos mas bien del eclipse del cristianismo sociológico trasmitido desde la tradición familiar y desde marcos rituales, para dar paso a lo religioso sin religión, cuyo dinamismo podría sorprendernos y que no tiene que ver con el conformismo social.” (GAUCHET, Marcel. “El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión”. Ed Trotta. Madrid. 2005. p. 293-294)
Situados en el anterior escenario, al parecer la situación de la religión y de sus prácticas en el mundo contemporáneo camina hacia la decadencia; y en este sentido no se entiende cómo la opción por la vida consagrada puede ser significativa en un mundo que vive al margen de Dios, con lenguajes propios, con metas distintas a la de la salvación y con herramientas diversas al amor y a la justicia  en aras del poder.
Al parecer el panorama es sombrío; sin embargo, escudriñando en la obra de Gauchet, encontramos que el desencantamiento del mundo produce un vacío profundo en el corazón de los ciudadanos secularizados y por eso el autor plantea la necesidad del “retorno de la religión”, entendido este concepto “como el reconocimiento de la existencia de un sustrato subjetivo irreductible del fenómeno religioso en el que independientemente de cualquier contenido dogmático fijado, haya experiencia personal”. (Ibid. 295)
Lo anterior es valido, pero creemos que la fe lleva consigo un contenido y unos criterios básicos que han sido madurados en nuestra tradición católica por  espacio de dos mil años; hecho que nos lleva a no renunciar al contenido básico de la evangelización y de nuestra fe: Jesucristo. Compartimos con Gauchet que cualquier constructo dogmático tiene que volverse experiencia vital, experiencia personal, de aquí la necesidad de vivir con claridad en nuestro caso, un encuentro personal con Jesucristo desde el carisma de la oblatividad; tal sería el reto del consagrado oblato de este tiempo; quien asiste al desencantamiento del mundo, pero no al desencantamiento de su amor por el Señor.
Por este mismo sendero, estamos de acuerdo con Gauchet en que en el hoy de nuestra historia, “la religión no se puede reducir a “creencias religiosas” y a prácticas asociadas, como nuestra condición de modernos centrados en el presente tiende a hacérnoslo creer. Antes de haberse convertido en eso recientemente, hace uno o dos siglos; fue al principio durante milenios, un ordenamiento del mundo humano y social, una manera de comprender y de instituir el poder, los vínculos entre los seres, la forma de las comunidades”. (Ibid. p. 298. ).
Creemos que dar vía libre a la anterior concepción de religión, sería retroceder o sería convertir una posible experiencia vital de Jesucristo, en un conjunto de actividades religiosas vacías de contenido, pero significativas en sus formas; sería ostentar unas actitudes religiosas al margen del dato de la conversión; sería utilizar la fachada de lo religioso sin la presencia de Cristo en el corazón, no en vano sentencio un día nuestro Salvador:  "No todo aquel que me dice 'Señor, Señor' entrará en el Reino de los Cielos, sino aquel que practica la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7,21).
En este contexto creemos que nuestras prácticas pastorales convertidas en acciones de Jesús excediendo las fronteras rituales, han de abogar con más fuerza que nunca en nuestra historia, por favorecer maduramente la reflexión acerca de la  liberación del hombre de todo aquello que no le permite desarrollarse como tal; siendo al mismo tiempo en medio de los pueblos deshumanizados, como lo son los de nuestro contexto latinoamericano, sumergidos en el más hondo abismo del desplazamiento, el desempleo y el hambre, esperanza generadora de sentido; y en medio del dolor, la injusticia, la culpa y el sinsentido de la vida cuyo único horizonte es la muerte, nuestra acción evangelizadora oblata ha de aparecer como  pregonera de cambio y reflexión.
En este sentido nuestra identidad oblata, nuestro perfil oblato, nuestro aparecer y nuestro acontecer oblato en los distintos puntos cardinales, ha de ser el grito de Dios en este mundo que reclama humanización para  las estructuras instrumentales a nivel político, económico, social e incluso religioso, como respuesta a la denuncia hecha por Häring: “Las práctica pastoral eclesial hecha desde los templos, precisamente por no ser mundana, es decir, por ser ajena a los problemas de la vida del mundo, ha dejado a la humanidad sin Dios, en la medida en que ha quedado “incontaminada” por el mundo real de la vida”. HÄRING, BERNHARD. El cristiano en el mundo. Ed. Paulinas. Madrid. 1970. p. 52.
Con un fraternal saludo a todos los Oblatos de Matovelle, ratificamos desde el E.F.O. la determinación férrea por preparar a los formadores y a los formandos para enfrentar los retos de un mundo desencantado de Dios, pero al mismo tiempo ávido de Él.