Miércoles, diciembre 07, 2016

ANIVERSARIO 1890. MATOVELLE HACE PROMESA DE INMOLACION, CUARTO VOTO DE LOS OBLATOS.

ANIVERSARIO 1890. MATOVELLE HACE PROMESA DE INMOLACION, CUARTO VOTO DE LOS OBLATOS.

El voto de inmolación consiste en ofrecer a Dios el sacrificio, no sólo de las propias ventajas y comodidades, sino has­ta de la vida, si así lo exige la obediencia. Este voto comprende la profesión estable del sacrificio y hace de quien lo emite una hostia perpetua.

El sacrificio es la ley del amor: Jesu­cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como oblación y hostia; por esto los miembros del Instituto, urgidos por el amor de Cristo, se entregan a El por la inmolación. Ella es la prueba del amor más grande, que hace descubrir la relación mis­teriosa entre la renuncia y la alegría, entre el sacrificio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y la libertad de espíritu.

Los oblatos por el voto de inmolación, a fin de estar configurados con Jesucristo, an­helan llegar al más alto grado de imitación y semejanza de El, de quien dice el apóstol que se «ofreció hasta la muerte y muerte en cruz».

 

De todos los apostolados el más fecundo aunque el más desconocido, es la inmolación. Inmolarse es salvar, morir es fructificar.

 

Dios ha puesto su omnipotencia en manos de las víctimas; por tanto el Voto de Inmolación tiene una dimensión social en el instituto, formando como una asocia­ción de víctimas para que en nombre y lugar de la sociedad, se ofrezcan incesan­temente al Señor en unión de la Hostia divina de nuestros altares, por el adveni­miento del Reino social de nuestro Señor Jesucristo.

 

Por el espíritu de inmolación, no sólo cada miembro en particular sino el Institu­to en general han de considerarse como otras tantas víctimas sacrificadas en aras del amor por la salvación del mundo, prin­cipalmente de la América: negándose pues a sí mismos, acepten como propia la cruz del Señor.

Los miembros del Instituto honrarán espe­cialmente al Sagrado Corazón de Jesús en su calidad de Víctima Inmolada a su Eter­no Padre; y el culto más agradable que puede ofrecerse a nuestro Redentor Divino es la imitación fiel de sus virtudes.

 

Los oblatos se considerarán como víc­timas ofrecidas al Eterno Padre en unión con el Corazón inmolado de Jesús y colocadas constantemente sobre el altar del sacrificio;

 

 

Los oblatos recordarán que, en virtud del voto de inmolación, ya no se pertenecen a sí mismos, ni tienen derecho a quejarse de las tribulaciones y pruebas a que los sujete la Providencia Divina;

 

En todas las circunstancias tanto prós­peras como adversas de la vida verán otras tantas ocasiones propicias para ofrecer a Dios ya sacrificios de alabanza y acción de gracias, ya de expiación y reparación;

 

Ofrecerán sus sacrificios por las mis­mas intenciones por las cuales la Divina Víctima fue inmolada en el Calvario y re­nueva este mismo sacrificio en el altar, pedi­rán de modo especial por el Papa y la Santa Iglesia, por el Episcopado y el Clero y por todos los Gobiernos de la tierra.

 

Se prepararán para la muerte y la acep­tarán cuando llegue considerándola como la consumación de su sacrificio, y renovarán a la hora de la muerte, con la mayor solemnidad posible, su voto de inmolación, tornando a ofrecerse a Dios como victimas por toda la eternidad, y así los oblatos llegarán a ser personas de un don total.

 

El Voto de inmolación se emitirá de una manera definitiva, pasados diez años de la profesión perpetua. Los religiosos que desearen su mayor perfección solicita­rán por escrito la profesión de este voto, libre espontáneamente, al Superior Ge­neral, quien para dar respuesta, oirá el voto deliberativo del Consejo General.

Los oblatos que voluntariamente de­seen hacer profesión del voto de inmolación, previa preparación, lo realizarán mediante lo señalado en el Ritual de la Comunidad y con la siguiente fórmula:

 

«En la presencia del cielo y de la tierra, y de vos Rmo. Padre Supe­rior General, yo hermano N. N., todo me consagro al Divino Cora­zón de Jesús, por intercesión y por medio del Corazón Inmaculado de María, y hago Voto Perpetuo de Inmolación, conforme a las Cons­tituciones y Reglas de nuestra Congregación, inmolándome con Jesús y por Jesús, como Hostia ofrecida al Eterno Padre en unión con la Víctima divina de nuestros altares y por los mismos fines con que ella es inmolada en el augusto sacrificio de la Misa. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

Siendo el voto propio de la Congrega­ción, debe ser particularmente vivenciado por los Oblatos y hecho con especial recono­cimiento de la misericordia divina. Procuren los superiores y formadores moti­var y preparar la emisión y vivencia del espíritu de este voto entre los miembros del Instituto especialmente con el testimonio vivo de la caridad sacrificada del don total de sí mismos y de la unión completa con el Señor.

En virtud de este voto, cuando los Superiores nombrados en el artículo 146, exigiesen de un miembro de la Congrega­ción un sacrificio conforme a los fines del Instituto, y lo exigiesen precisamente en fuerza del voto de inmolación, deberá bajo culpa grave, cumplir el sacrificio deman­dado, aún cuando con ello hubiese de po­ner en peligro la propia vida.

 

Los Superiores se cuidarán de no imponer tales preceptos sino en los casos y con las formalidades expresadas relativa­mente al voto de obediencia.