Viernes, diciembre 09, 2016

A MARÍA

NUESTRA SEÑORA DEL TRÁNSITO

Trémulo el labio, la mirada triste,
Vengo a tus plantas, celestial Señora;

 

¡Ay, de aquel que el dolor embiste!
¡Ay de aquel que llora!

Madre amorosa del que gime y pena
Sobre las zarzas de este rudo suelo,
Cúrale a mi alma de pesares llena,
Calma mi duelo.

Darte quisiera, Madre amada, cuanto
Brilla en la tierra: seda, perlas, oro;
Pero ¡ay! No ignoras, que el amargo llanto
Es mi tesoro.

Quien ha gustado la mundana dicha,
Pisa las pompas, como impuro lodo;
Humo es la ciencia, y el placer, desdicha:
Mágico todo.

Rico en blasones, adalid valiente
Goces mentidos, con afán pregona,
Mientras le rasga la orgullosa frente
Áurea corona.

Madre, tú sabes la terrible historia
Que, esquivo, guarda mi llagado pecho,
Goces y dichas, ilusiones, gloria,
Todo deshecho.

Pérfido el mundo, por subido precio,
Cloro y hiel brinda con fingido halago;
¡mísero y triste del que incauto y necio
Liba ese trago!

Siempre que el siglo con un haz de abrojos
Hiere mi pecho, con desdén impío,
Vienen a hablarte mis dolientes ojos,
¡dulce Bien mío!

Himno es tu nombre que al mortal recrea,
Mirra, que aromas del edén anhela,
Tu nombre, al labio, como miel hiblea,
Cura y regala.

Cuando del mundo la maldad me abruma,
Corro a tus plantas a buscar contento,
Porque tú acoges esta leve pluma,
Juego del viento.

Tu vista sola, con sublime canto,
Sana del vicio la mortal herida;
¡sóla tú enjuagas nuestro acerbo llanto,
Madre querida!

Calandria triste, por la carne presa,
Gime, entre redes, abatida mi alma,
líbrame pronto de esta vil pavesa,
dame la clama.

Lumbre indecisa, solitaria, vierte
Trémula estrella, tras las nubes pardas,
¿Eres tú, Madre…? Peno yo, por verte,
¡Ay! ¿Por qué tardas?

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