Jueves, diciembre 08, 2016

HOMILÍA PARA EL 16 DE NOVIEMBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
Pr 31,10-13,19-20.30-31; Sal 127; 1Tes 5,1-6; Mt 25,14-30

Queridos hermanos y hermanas:
Con este domingo nos acercamos al término del tiempo ordinario y por esta razón la liturgia de la palabra nos muestra el camino a seguir para llegar al tiempo de adviento con un corazón bien dispuesto, y esto con el ánimo de transformar nuestras vidas con miras a experimentar con alegría el misterio de la Encarnación del Señor en nuestra propia existencia.

El evangelio de hoy nos provee tres meditaciones importantes en torno a nuestra vida como creyentes en el marco del adviento que ya se acerca.

1.- ¿Cuál es la imagen de Dios en este evangelio?, es la del dueño de muchos bienes que fueron encargados  en administración a algunos de sus empleados, y las características personales del dueño son las siguientes: 1.- Un hombre que confía en sus empleados; 2.- Un hombre que no abandona sus bienes sino que por el contrario pide cuentas de ellos y 3.- Un hombre exigente y justo.

Con base en lo anterior es significativo mostrar aquí que El Dios que nos fue revelado por Jesucristo  cumple con la caracterización arriba mencionada; es un Dios Padre que puso en nuestras manos la creación entera para nuestro servicio, confió en nosotros y por eso nos dejó en administración este mundo inmenso y maravilloso, y de nuestra parte siguiendo la lógica de aquél que no produjo fruto alguno, no hemos cuidado los bienes de Dios como merecen ser cuidados; Dios nos encargó el bien preciado de nuestra vida y muchos de nosotros hemos acabado con ella, le hemos prendido fuego, la hemos talado y por esta senda nuestros frutos han sido nulos a causa de nuestra manera pobre de obrar y de pensar, pues hemos traicionado la confianza que un día Dios puso en nosotros su hijos.

Por otra parte, en el evangelio de hoy podemos evidenciar cuán exigente es Dios con quienes ama; no es que Él haya dejado sus bienes abandonados al azar del tiempo y de la historia; el nos confió sus bienes a nosotros y por esta razón en cualquier momento Él nos pedirá cuentas de nuestra administración como lo hizo con sus empleados en el evangelio de hoy; él llegará a pedirnos cuentas de manera sorpresiva; en síntesis y a manera de pregunta, Dios de manera exigente y recia nos interroga diciéndonos: ¿Qué han hecho con sus vidas?, ¿Qué frutos han dado? ¿Han administrado bien los talentos, dones y bienes que puse en sus manos?, ojalá nuestra respuesta fuera semejante a la del primer siervo: “cinco talentos me dejaste, mira he ganado otros cinco” y no a la manera del tercer siervo que le dijo: “Escondí tu talento en la tierra”. Hermanos y hermanas Dios nos ha provisto de innumerables capacidades y cualidades para fructificar en nuestra vida cotidiana, y estamos  llamados a responderle con altura, pues ya sabemos que Él es exigente con nosotros porque nos ama, “que siega donde no siembra y recoge donde no esparce”.

2.- ¿Qué valores nos pide Dios poner en práctica a la hora de administrar nuestra vida y nuestros asuntos? Tres son los valores propios de quienes desean agradar a Dios con su vida: 1.- Responsabilidad, 2.- Confianza y 3.- Creatividad.

Responsabilidad fue lo que le faltó al empleado holgazán del Evangelio para hacer producir los bienes encargados por Dios; fue incapaz de responder como es debido a la confianza depositada por Dios en sus manos; hizo de su vida  un fracaso y por eso cuando Dios le pidió cuentas de su administración, su respuesta fue vacía, como vacías estaban sus manos; este empleado ni siquiera confió en sí mismo para hacer fructificar los bienes del Señor; no tuvo seguridad ni fe en sus capacidades y por eso el temor se apoderó de sus ser; no obstante haber sido dotado de inteligencia, su creatividad fue un fiasco, situación que lo llevó a esconder sus dones, capacidades y talentos bajo tierra; haciendo de su temor un monstruo al que le fue imposible derrotar.

Hermanos y hermanas en muchas ocasiones nosotros nos hemos dejado vencer por situaciones difíciles, nos encomiendan grandes retos y no somos capaces de asumirlos; para algunos de nosotros es preferible hacer lo que siempre hemos hecho, que producir ideas nuevas para un mejor accionar en todo sentido; en síntesis, con un corazón renovado y con una mentalidad abierta al cambio y al progreso actuemos de acuerdo a los dos empleados del evangelio que le dijeron al Señor: “nos dejaste estos talentos y hemos producido esto”, sin lugar a equívocos, éstos fueron admitidos al banquete de bodas, a gozar de la presencia de Dios; mientras que el empleado con la desidia y el temor sobre sus hombros “fue arrojado a las tinieblas, al lugar del llanto y del rechinar de dientes”.

3.- En esta última meditación es importante para nosotros mencionar que esta parábola fue dirigida especialmente a los apóstoles y hoy  a cada uno de nosotros destinatarios de inmensas bendiciones de Dios que debemos hacerlas fructificar en beneficio de quienes nos rodean. Para Jesús cobraba una especial relevancia el hecho de enseñar a sus discípulos en privado con el ánimo de que éstos asumiendo sus enseñanzas se configuraran en verdaderos apóstoles suyos, y por esta razón con el contenido de esta parábola Jesús les envía tres mensajes. 1.- Que como destinatarios del poder para anunciar el evangelio, expulsar demonios, sanar enfermos, perdonar pecados y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no podían guardarse para si estos dones del Señor; sino que por el contrario, con apertura y generosidad tenían que ponerlos al servicio de los demás. 2.- Que los dones dados por Dios hay que ponerlos siempre en oración para que éstos crezcan y se fortalezcan, de lo contrario pueden desaparecer, ser entregados a otros o simplemente ser enterrados, y 3.- Que la consecuencia de guardarse estos dones para sí mismos en desmedro de quienes los necesitan, será ser enviados al lugar del llanto y de las tinieblas.

Estimados hermanos y hermanas, que todos nosotros bajo el amparo de María Santísima le agradezcamos al Señor por todos los dones, cualidades, talentos y beneficios con los cuales ha adornado nuestra vida y que como muestra de nuestra gratitud los pongamos al servicio de nuestros hermanos.

P. Ernesto León D. o.cc.ss