Sábado, diciembre 03, 2016

HOMILÍA PARA EL 26 DE OCTUBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.
Ex 22,20-26; Salmo 17; 1Tes 1,5-10; Mt 22,34-40

Hermanos y Hermanas:
Con la respuesta que le da Jesús al jurista se inaugura en el mundo la revolución del amor, la cual consiste en la vivencia del “mandamiento del amor” de manera vertical y horizontal; esto es, el amor a Dios y a los hermanos por encima de los 248 preceptos y de las 365 prohibiciones rabínicas, condición sin la cual el reino de Dios sería una utopía y no una realidad.

El evangelio de hoy sitúa a Jesús en un contexto legalista, saduceo y farisaico, en el cual se enaltecía tanto la ley, que la dignidad humana resultaba subestimada; Jesús consciente de esta situación predicó con la sabiduría del Espíritu Santo en este círculo complejo y cerrado doctrinalmente hablando; proclamó sin miedo y con la libertad que le daba el respaldo de Dios, que la ley estaba hecha para el hombre y no al contrario, que el sábado estaba hecho para el hombre y no viceversa y en este mismo sentido decía que mientras la ley mata, el espíritu libera.

A La pregunta de ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?, formulada por un jurista para ponerlo a prueba, Jesús manteniéndose dentro del marco de la ley antigua, responde con dos textos del antiguo testamento Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18, con los cuales Jesús inaugura en medio de su tiempo una nueva moral, la moral del amor que observa la ley, pero que no le da culto a ella por encima del hombre y de la mujer que son el sentido de la misma.

Los dos textos en mención son: “Amarás a Yhavé tu Dios con tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,5) y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”(Lv 19,18); en el ambiente del antiguo testamento, como era normal, el amor a Dios hacía parte del S´emá que era la profesión de fe judía y estaba por encima del precepto del amor al prójimo; Jesús lo que hace es ubicar al mismo nivel uno y otro mandamiento hasta configurarlos en uno solo y no bastándole esto, afirmó en medio de sus contradictores que el amor a Dios y al prójimo constituye la síntesis de la ley y los profetas; como muestra de que todo lo planteado en la tradición tenía como principio y fin la vivencia del mandamiento del amor.

Los detractores de Jesús se fueron cabizbajos esperando otra ocasión para acusarlo, desconociendo por completo la imagen de un Dios que es amor, que nos invita al amor y que su presencia en el mundo es notoria gracias al amor que nos prodigan quienes comparten la vida con nosotros.

Veamos ahora hermanos y hermanas, cómo en el caso de la primera lectura tomada del libro del Éxodo en el capítulo 22, el amor de Dios se proyecta no a través de una ley sino a través de la vivencia humana, manifestada en: “No oprimirás ni vejarás al extranjero, no explotarás a las viudas ni a los huérfanos, no prestarás dinero a usura, si tomas prestado un manto devuélvelo antes de ponerse el sol”, lo anteriormente expuesto, se traduce en el hoy de nuestra historia personal y en el hoy del mundo y de nuestra Patria como la puesta en práctica de la no violencia porque ésta engendra muerte, en un rotundo no al secuestro porque es una práctica inhumana la cual hace llorar el corazón de muchos compatriotas nuestros; esto no es otra cosa sino el resultado de un número insignificante de corazones que han desterrado por completo de sí, el mandamiento del amor, dejando a su paso muerte, desolación y llanto; ¿cómo hacer para que el amor vuelva a crecer en el corazón de la humanidad entera, siendo de esta manera garante de reconciliación y de paz en el mundo, dejando atrás toda barrera ideológica, política y religiosa que ha hecho que los hombres se miren como enemigos y no como hijos de Dios?; con seguridad la respuesta a las anteriores inquietudes es la dada por Jesús al jurista: “amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”; según esto, el camino es volver a Dios porque hemos vivido en muchas ocasiones al margen de Él, hemos desconocido su doctrina, Dios se ha mostrado en múltiples oportunidades como un estorbo para la consecución de nuestros planes mezquinos; Dios ha sido el total ausente en nuestra vida; por tal razón mientras nuestros ojos y nuestros corazones no vuelvan a Dios, la guerra fratricida que se libra en el mundo entero nunca cesará, los niños crecerán sin la presencia de sus padres, las tierras se volverán inertes porque nuestros campesinos han sido desplazados, y en un contexto de aguda pobreza y violencia, junto a la muerte de la humanidad, Dios llorará porque no fuimos capaces de vivir el mandamiento del amor.

En la segunda lectura tomada de la primera de la Carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, observamos que vivir el mandamiento del amor es signo de vida y de progreso, pues gracias a éste la vida florece, la tierra reverdece, los corazones aman y perdonan; en una palabra, la humanidad se transforma en remanso de paz y de reconciliación. San Pablo en este sentido, felicita a la comunidad de Tesalónica porque abandonando los ídolos de la muerte, la injusticia, la corrupción y la fe basada en falsas esperanzas prescindiendo de Jesucristo, volvió su vida a Dios y descubrió que Jesucristo resucitado vivía en medio de ella y que eso era motivo suficiente para vivir como verdaderos hijos de Dios, esculpiendo con su existencia una efigie al amor de Dios en medio de los hombres.

Hermanos y hermanas, que animados por la presencia amorosa del Corazón Inmaculado de María, todos nosotros intentemos transformar nuestros ambientes de odio, en escenarios de amor y reconciliación, por encima de toda sombra de rencor e intolerancia.

P. Ernesto León D. o.cc.ss