Viernes, diciembre 02, 2016

HOMILÍA PARA EL 21 DE DICIEMBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B.
Sa 7,1-5.8b-12. 14ª.16; Sal 88; Rm 16,25-27; Lc 1,26-38.

Queridos hermanos y hermanas.
Con la liturgia de la Palabra de de hoy, caminemos presurosos a vivir la experiencia del nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén de nuestros propios  corazones.

Con el contenido de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Romanos, llenémonos de alegría al saber que el Dios escondido desde siglos y mantenido en secreto, decidió darse a conocer al mundo por medio de su Hijo Jesucristo el dador de la vida, por quien y para quien fue creado el universo.

En el antiguo testamento Dios se mostraba a su pueblo por medio de signos y señales y llegada la plenitud de los tiempos abandonó su misterio, dejó atrás su silencio y venciendo todo secreto se reveló al mundo en Jesucristo, inaugurando de esta manera una nueva creación, una nueva historia, la historia de la salvación, la era de la redención, la época de la vida, su reino de justicia, de amor y de paz.

Desde esta perspectiva nos es claro pensar que el contenido reservado por Dios a la humanidad no era otro sino Jesucristo, entendido éste como la Buena Noticia del Padre, una noticia de gozo y consuelo; de amor y esperanza, de salud y algazara para todos los pueblos. Es Jesucristo a quien los creyentes esperamos, es él, el centro de la predicación evangélica, el contenido de la doctrina de la Iglesia  y el sentido de vida del mundo cristiano.

Hermanos y hermanas, así como Dios para revelarse al mundo tuvo necesidad de su Hijo Jesucristo, apeló también al concurso de una mujer, María, para traer al salvador de la humanidad; siendo Dios, necesito de ella y con base en esto, no se puede entender cómo alguien que se dice ser cristiano puede prescindir de ella como si su papel en la historia de la salvación hubiera sido accidental.

Veamos en las siguientes líneas cómo la intervención de la Virgen María fue esencial a la hora de la encarnación del Hijo de Dios y para esto acudamos al evangelio de hoy y descubramos en el, la grandeza del protagonismo de María en la revelación de Dios Padre a la humanidad.

En primera instancia llama la atención la expresión. “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo”, se trata de la confirmación de la condición de la Virgen María como preservada de toda mancha de pecado, es la segregada por Dios desde el principio del mundo para que fuera la madre de su Hijo, es la llena de Dios, la capacitada por tanto para llevar sobre sus hombros tan alta dignidad, la de ser la madre del mismo Dios. En las palabras complementarias: “El Señor está contigo”, encontramos cómo la sombra del Altísimo la cubre con amor y su ternura para constituirla en madre de todo el género humano, de manera especial de los que sufren, de los huérfanos, de los afligidos y desconsolados, de los orgullosos y sencillos, de los sabios y entendidos; de los necios e ignorantes, de los santos y de los pecadores.

En segunda instancia, la frase: “No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios”, manifiesta la predilección de Dios por ella, es la única entre todas las mujeres, quien ha sido adornada con la gracia y con la fortaleza de Dios para llevar en su seno a Cristo el Salvador; con esta expresión el ángel la prepara para el dolor, la persecución, la huida a Egipto, el camino del Calvario, la crucifixión del Señor, la resurrección y  la glorificación en el cielo; en efecto, es María la llena de gracia, quien con la valentía de aquél que la escogió, hizo de su vida el “FIAT” sublime de la redención.

En tercera Instancia con la locución venida del ángel: “El Espíritu vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”,  se muestra claramente la intervención divina en la vida de la Virgen María, fue Dios quien lo quiso así, fue él quien dispuso todo para que a través de una mujer, María, el mundo pudiera contemplar al Mesías esperado por todos los siglos, al mensajero de la paz, a la buena noticia del Padre, al autor de la nueva creación. En síntesis fue la Virgen María quien con su corazón disponible a la acción de Dios, abrió el camino de la redención instaurada por su Hijo Jesucristo.

Finalmente en la respuesta de la Virgen María. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”, encontramos su confianza absoluta al querer de Dios, su disponibilidad ilimitada al plan divino de la salvación, su docilidad amorosa a la acción de Dios en el mundo a través de ella; en último término, su abandono y consagración total a la voluntad de quien la escogió.

Hermanos y hermanas, que en esta navidad se despierte en nosotros un vivo deseo por amar más y mejor a María Santísima, y en este mismo sentido que nuestra disposición para aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida sea creciente a la manera de aquella que le dijo a Dios: “Hágase en mi según tu palabra”.

P. Ernesto León D. o.cc.ss