Jueves, diciembre 08, 2016

73. ¡MADRE DE EL QUINCHE SALVANOS!

 ¡MADRE DE EL QUINCHE SALVANOS!

 De los cuatro confines de nuestra Patria vinieron nuestros mayores a postrarse a tus plantas y a requerir la materna protección de tu misericordia, ¡soberana Virgen de El Quinche! Con entrañable afecto hacia ti, volcaron el relato de sus cuitas y ansiedades en tu presencia, en demanda de auxilio y protección, cuando los terremotos, las hambres, las sequías, se presentaban en el horizonte con su amenazante realidad.

Y más aún, cuando el azote de guerras fratricidas, se cernía, como daga de fuego, sobre sus cabezas.

¡Madre de El Quinche, el pueblo de esta tierra buena no te ha olvidado ni te olvidará jamás! Porque tú preferiste para compañía de tu bendita imagen a los humildes aldeanos de Oyacachi y del Quinche, antes que los esplendores de las ciudades, los pobres y los sencillos de todos los tiempos se sienten los preferidos de tu corazón y te hablan con su lenguaje espontáneo y sacudido de sincera piedad y devoción. Brillan sus ojos ante tu mirada modesta y se exaltan de religiosidad con el contacto de tus andas y de tu manto. Saben que tú defenderás su fe, protegerás sus sembríos y sus pequeñas propiedades, les concederás la salud en sus enfermedades y en sus andanzas por la espesura de los montes y les abrirás las puertas del cielo en la hora del gran viaje para la eternidad. Corren muy malos tiempos, Madre, en todo el mundo, inclusive en esta tierra, testigo de tus renovadas bondades con cada generación. ¿Enumerarte los peligros de tu pueblo? ¿Contarte una letanía de tristezas? No. Madre, que tu pecho de Reina todo lo conoce.

Sálvanos de los peligros, hoy como ayer. Vuelve a esparcir, a manos llenas, tus milagros. Danos la paz del alma y la obediencia a los mandatos de tu Hijo. Destierra la violencia y la confusión de las doctrinas, los errores que falsos profetas difunden entre los que te aman, con el señuelo de terrenales conquistas.

Protege la fe y la inocencia de nuestras familias y confírmanos en el afecto y la adhesion a tu culto y al servicio de tu gloria.

¡Amén!

 

 

Fuente: Manual de Piedad Misioneros Oblatos

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