Lunes, diciembre 05, 2016

HOY ES SÁBADO SANTO

Es sábado santo. En la mañana todo es silencio. Estamos acompañando a María en su soledad y tristeza.

Estamos confundidos. Independientemente de lo que vemos, de lo que es real, algo en el corazón nos habla de confiar, de abandonarnos. El corazón espera que la ausencia del Amado se haga presencia. Algo en el interior, en el corazón, nos dice que justo este momento de tristeza, de confusión, de miedo; que justo este momento en el que todo se ha derrumbado, en el que las horas van pasando en un profundo silencio, en el que miramos al cielo y todo sigue tan igual; es justo en este momento, en el que el corazón no se halla, está inquieto; que nosotros debemos recordar las promesas de Jesús: No estamos solos. Al tercer día resucitaré. Dios es de vivos y no de muertos. Es ahora que necesitamos creer, esperar, confiar. Es ahora que la fe se convierte en el único recurso que tenemos para salir adelante, es por la fe que podemos sacar fuerzas de donde pensamos que no las hay.

Es sábado Santo, el día va pasando, ya es tarde, es noche. El corazón debe disponerse. ¡El Señor está vivo, ha resucitado! El Señor ha colmado nuestra alegría y esperanza. La oscuridad se volvió luz; la muerte se llenó de vida; el llanto ahora es sonrisa.

Después del dolor, de la tristeza, de la angustia, de los azotes, las humillaciones, la cruz y la muerte he llegado la resurrección. Dios ha hablado, Dios ha devuelto a la vida lo que la muerte humilló; Dios ha hecho justicia. Dios no nos abandona, su amor es vida, es eternidad.

De nuevo hay luz, de nuevo hay vida. Vale la pena luchar por causas justas, valieron la pena los esfuerzos, cansancios, desprecios y lágrimas. El bien y la vida siempre triunfan sobre el mal y la muerte.

Es Pascua, el Señor ha resucitado. Nos ha liberado.

Jaime Alberto Palacio González, ocd