Viernes, diciembre 02, 2016

¿CÓMO NARRA SAN JUAN DAMASCENO LA MUERTE DE LA VIRGEN?

¿CÓMO NARRA SAN JUAN DAMASCENO LA MUERTE DE LA VIRGEN?

¿CÓMO NARRA SAN JUAN DAMASCENO LA MUERTE DE LA VIRGEN?

Uno de los escritores más antíguos y más populares de la Iglesia es San Juan Damasceno.
Este famoso autor describe así la muerte de Nuestra Señora:

"La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original (fue concebida Inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad.  Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad.

Ella murió de amor.  Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir.

Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del Salvador a pequeños y grandes, cuando había consolado tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como a la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a viajar para recibir de sus maternales labios sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición.

Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido.

Para cada uno de ellos tuvo la excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza.  Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos; y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad.

La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto a su cadáver, como por la muerte de la propia madre.

Su entierro más parecía una procesión de Pascua que un funeral.  Todos cantaban el Aleluya con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora en el cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús.

En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno, armonías de músicas muy suaves.

Pero, Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo.  Cuando arribó ya habían vuelto de sepultar a la Santísima Madre.

Pedro, - dijo Tomás- No me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi madre amabilísima y darle un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron.

Y Pedro aceptó.

Se fueron todos hacia el Santo Sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire.

Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Vírgen encontraron solamente...una gran cantidad de flores muy hermosas.  Jesucristo había venido, había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado al cielo.

Esto es lo que llamamos Asunción de la Vírgen (cuya fiesta se celebra el 15 de Agosto).

Y quien de nosotros, si tuviera los poderes del Hijo de Dios, no hubiera hecho lo mismo con su propia Madre?"

DATOS IMPORTANTES

SAN JUAN DAMASCENO

(675-749)
Teólogo griego; Presbítero y Doctor de la Iglesia

Fiesta: 4 de diciembre.

Por sus frutos los conoceréis, sobre la Natividad de la Virgen María, de sus sermones.

Me llamaste, Señor, para servir a tus hijos, oración, de su declaración de fe.

Nació en Damasco, en la segunda mitad del siglo VII, en el seno de una familia cristiana. Gran conocedor de la filosofía ingresó en el monasterio de San Sabas, próximo a Jerusalén, fue ordenado sacerdote. Escribió numerosas obras teológicas sobre todo contra los iconoclastas. Murió a mediados del siglo VIII.
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Llamado Damasceno por ser de Damasco, capital de Siria.

Defendió la práctica de la veneración de imágenes contra los iconoclastas.

Llamado "Orador de Oro" por su elocuencia.  Gran poeta de la Iglesia del Este.

Nació de familia acomodada, su padre era ministro en Damasco, pero Juan renunció a esa vida, repartió sus posesiones entre los pobres y entró en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén.  Se dedicó al estudio y a escribir.  Quería hacer llegar los profundos tesoros de la fe a todo el mundo.

Cuando León el Isaurico, emperador de Constantinopla, prohibió el culto a las imágenes, haciéndose eco de los iconoclastas que acusaban a los católicos de adorar imágenes, San Juan Damasceno se hizo portavoz de la ortodoxia enseñando la doctrina católica. No adoramos imágenes sino que las veneramos.

Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen. -San Juan Damasceno.

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